jueves, 9 de octubre de 2008

EL CUEVA DE NERJA-UMA JUNIOR PARTICIPARA EL SABADO EN EL NACIONAL


Una año mas el Cueva de Nerja-Uma ha logrado meter en la final del nacional
de clubes júnior a sus dos equipos, el masculino y el femenino. Esta edición será en
Zaragoza, coincidiendo con la festividad del Pilar.
Hay que destacar al equipo masculino que tras haber ganado la fase de ascenso,
se encuentra entre los clubes mas destacados, por lo que se luchará por ocupar uno de
los puestos del podium. Para ello tendrán que competir contra el campeón del pasado
año, el Playas de Castellón, el Scorpio Mondo que hace de anfitrión, el Madrid
Mapoma, el Puerto de Alicante, el AA Cataluña, el Hospitalet y el Pontevedra. Este
equipo estará comandado por los campeones de España Javi López (110 vallas), Sergio
González (100 m.l.) y Rafael Ángel (obstáculos). Otros atletas destacados entre los
chicos serán Rubén Espejo, Sami Nawar, Jesús Armijo y José Mario García.
En el apartado femenino, las chicas se clasificaron en una meritoria 6ª plaza. Se
enfrentarán al Playas de Castellón y Scorpio Mondo como campeón de la pasada
edición y el anfitrión respectivamente, así como al Ourense, al Puerto de Alicante, al
AA Cataluña, el At. San Sebastián y al Anta Bodegas. Entre las chicas del club nerjeño
destacan Sara Alonso Ccampeona de España de marcha, Lorena Laz plata en el 400 y
Verónica López que finalizó en 4º puesto en el pasado nacional junior.

"No tengo nada que ocultar"


JEAN-PIERRE BIDET 03/10/2008

A sus 37 años y con una gesta única en su mochila, la victoria en siete Tours, Lance Armstrong anunció el pasado 9 de septiembre su intención de volver a competir en 2009. Sobre él y su regreso hay muchas dudas.

A sus 37 años y con una gesta única en su mochila, la victoria en siete Tours, Lance Armstrong anunció el pasado 9 de septiembre su intención de volver a competir en 2009. Sobre él y su regreso hay muchas dudas.

Pregunta. ¿Qué le ha empujado a volver tras su retiro?

Respuesta. La principal razón es que es imprescindible que todos nos unamos y nos movilicemos en la lucha contra el cáncer. Hemos pensado que, para llegar a todos los continentes, ésta era la mejor solución. Luego hubo una carrera en Colorado para la que estuve entrenándome realmente bien, montando en bicicleta durante muchas horas al día otra vez. El día de la carrera me di cuenta de que sigo estando fuerte sobre la bicicleta y, especialmente, de que me sigue encantando correr. La alegría de las carreras volvió de verdad aquel día. No es que un buen día me levantase y dijese: 'Voy a volver'. Es un proceso largo, y durante él pedí consejo a toda la gente cercana a mí, especialmente mi familia. Ellos me dijeron: '¡Venga, hazlo!' Y aquí estoy.

P. Dicen que fue también al ver el último Tour, que se dio cuenta de que podría haber ganado fácilmente...

R. No es tan sencillo. Seguí la carrera, tomé nota de algunas actuaciones, por ejemplo, de los tiempos de la subida al Alpe d'Huez, y, sobre todo, analicé el estilo de la carrera: no muy agresivo, sin demasiados ataques. Pero sentarse delante de la televisión no te permite tener una sensación real de cómo es la carrera. No estaría bien por mi parte criticar nada cuando yo ni siquiera estaba allí. Sólo son impresiones, no hechos. Eso no influyó sobre mi decisión.

P. ¿Cuál cree que es el principal obstáculo que podría entorpecer su regreso?

R. No lo sé. Quizás el parón de tres años; a lo mejor mi cuerpo ha olvidado cómo hacer ciertas cosas. Por supuesto, nunca dejé de hacer ejercicio: corría mucho, nadaba, montaba en bicicleta... Pero era sólo ejercicio. Además, ahora tengo 37 años. Hay pequeños detalles que me lo recuerdan a diario. Lo bueno es que, mentalmente, me siento joven. Cuando mi cuerpo dice '¡para!', mi cabeza dice '¡continúa!'. Realmente no sé lo que ocurrirá. Estoy corriendo un riesgo, pero tengo confianza.

P. ¿Por qué ha elegido el Tour como objetivo, en lugar de una carrera que nunca haya ganado, como el Giro de Italia o las clásicas? ¿Qué le aportaría ganar el octavo?

R. El Tour es la carrera más importante del mundo. Para transmitir claramente un mensaje sobre el cáncer a todo el mundo, es ahí donde debe hacerse. Además es la carrera que me permitió volver a la vida. Y prepararme para ella ahora es muy emocionante para mí.

P. Sabe que no es seguro que vaya a ser seleccionado para participar en el Tour...

R. Por supuesto, y ésas son las normas. El Tour invita a quien quiere, y si sus directores me dicen que no quieren que participe, lo aceptaré. ¿Qué otra cosa podría hacer? Aun así, habré dejado mi marca en la historia de la carrera. Pero he leído que Christian Prudhomme (el director del Tour) estaba dispuesto a aceptarme si me sometía al mismo procedimiento antidopaje que el resto. Eso es lo que estoy haciendo.

P. La gente dice que usted intentará utilizar a Nicolas Sarkozy para conseguir su propósito en caso de que no le invitasen...

R. No, eso es completamente falso. Vi al presidente una noche, tomamos una copa juntos, me presentó a su mujer... Obviamente, no me dio ninguna garantía.

P. Observándole, parece que ha decidido cambiar por completo de actitud. Ni más arrogancia, ni más violencia en sus palabras...

R. (Interrumpiendo) Arrogancia y violencia son palabras muy fuertes.

P. Pero cuando empezó a ganar el Tour, ésa es la impresión que daba. Usted era el jefe y cualquiera que se resistiese a aceptarlo lo recordaba durante mucho tiempo. Así que, ¿cuál es el verdadero Armstrong? ¿El de hoy, o el vencedor de esos siete Tour?

R. Todo el mundo crece, madura, cambia. Eso puede llevar tiempo. He llegado a comprender muchas cosas. Me encanta el ciclismo, lo que ahora quiero es invertir en su futuro. Pero este deporte tiene una historia y hay mucha gente que desea borrarla. Nadie puede hacerlo. Hay que hacer es tratar de entenderla y respetarla.

P. ¿Es consciente de que hay mucha gente que no se alegra de su regreso, y de que corre el riesgo de hacerse impopular otra vez?

R. Ha habido muchos malentendidos, pequeñas cosas que se han ido transformando en grandes problemas. Los estadounidenses y los franceses adoran eso. Una vez, me quejé de la seguridad del Tour y contraté algunos guardaespaldas. ¡Fue horrible! Pero aquello no fue por arrogancia o presunción. Era una cuestión de seguridad, una consecuencia del estatus que la sociedad concede a los atletas. He visto a otros imitarme después de aquello, sin que se produjese ningún revuelo.

P. ¿Cómo espera cambiar esa imagen tras las revelaciones que se han hecho con el dopaje?

R. En mi generación, todos aquellos que quedaron en segundo, tercer o cuarto lugar ya no siguen en este deporte. Eso es un hecho, es historia. No les juzgo, no les culpo. Cuando miro el gran libro de la historia, leo: 'Lance Armstrong, siete Tours'. Yo puedo dar garantías de todas esas victorias. Me siento orgulloso de ellas. Ahora oigo a la gente decir que la generación joven es la más limpia de la historia. Francamente, eso es una falta de respeto para los demás. Es una afirmación que no tiene en cuenta a Merckx, Hinault, LeMond e Indurain.

P. ¿Qué le diría a la gente para que confiasen en usted?

R. Les diría: Escuchen a Don [Catlin, fundador del laboratorio antidopaje de Los Ángeles que va a hacer el seguimiento de Armstrong]. Pregunten a De Ceaurriz

[el director del laboratorio Chatenay-Malabry] lo que piensan de mí. Obviamente, siempre habrá alguien -un periodista, un representante, un corredor, un organizador- que siembre dudas, que no se fíe. Lo entiendo, pero no me preocupa. No tengo nada que ocultar. Me montaré en mi bicicleta, trabajaré duro y Don Catlin le dirá si juego limpio.

P. ¿Qué opina de Alberto Contador, que no parece muy contento de compartir el liderazgo del equipo con usted?

R. He leído lo que ha dicho y le respeto. Lo que quiero es que tengamos un equipo que sea lo más competitivo posible, y Alberto ha demostrado en estos dos últimos años que es el mejor corredor del mundo. Si recibe buenas ofertas, desde España por ejemplo, escuchará a su corazón. Pero, francamente, le animo a que se quede con nosotros. Me encantaría correr junto a él.

P. ¿Cómo piensa prepararse para su vuelta?

R. Todavía no lo sé; aún tengo que solucionar algunas cosas. Correré en Austin y quizás en California. Tengo que decidirlo con Johan [Bruyneel, su director en el Astana]. Lo único que sé con seguridad es que de inmediato voy a participar en una carrera de ciclocross en Las Vegas. ¡Y estoy realmente entusiasmado!

© L'Equipe.

La prueba del algodón para Phelps


C. A. - Madrid - 09/10/2008

Aunque por defecto, cuando se habla de CERA se piensa inmediatamente en ciclistas, los beneficios de la EPO y de todos los productos y métodos que permiten aumentar fraudulentamente la capacidad de la sangre para transportar oxígeno son máximos para todo tipo de deportistas, incluidos los sprinters, como se supo cuando Marion Jones confesó que también ella se pinchaba EPO. Sin embargo, sus efectos son mucho más importantes en los deportistas de resistencia, por lo que se supone que a la hora de establecer una jerarquía, un orden, a la hora de analizar las mil muestras olímpicas -que pueden corresponder a unos 400 deportistas, pues a todos los que se extrajo sangre se les hizo varias veces-, serán ellos los primeros en pasar por el microscopio. Así, los atletas especializados en distancias superiores a los 400 metros, los remeros, piragüistas, ciclistas, triatletas y nadadores tendrán preferencia.

Eso significará, en efecto, que la gran estrella de Pekín, Michael Phelps, el emperador del Cubo de Agua con sus ocho oros olímpicos y múltiples récords mundiales, el deportista que más prueba de resistencia hizo durante todos los Juegos, deberá pasar la prueba del algodón. Se cumplirá, así, el deseo de tantos practicantes de otros deportes que consideran que la natación no sigue la lucha antidopaje con el mismo rigor que el ciclismo o el atletismo, y también el del propio Phelps, quien tendrá, por fin, la oportunidad de demostrar su limpieza.

La posibilidad, de todas maneras, de que de los análisis olímpicos surjan positivos por CERA no es excesivamente elevada: la publicidad dada durante el Tour, casi un mes antes del comienzo de los Juegos, a la detectabilidad de la CERA seguramente disuadió a algunos de sus usuarios olímpicos a inyectarse la última dosis antes de partir hacia la capital china.

Los ciclistas seguirán, sin embargo, en vanguardia de la población deportiva expuesta. Según anunció ayer Pierre Bordry, presidente de la Agencia Francesa Antidopaje, los datos del pasaporte biológico -seguimiento longitudinal de los parámetros hematológicos de los ciclistas a lo largo del año- están sirviendo al laboratorio de París para detectar de manera indirecta autotransfusiones de sangre, un método que no se puede comprobar de forma directa. Así, la sangre de los ciclistas congelada en Pekín también podría delatar esa trampa.

La sangre de Pekín, al microscopio


CARLOS ARRIBAS - Madrid - 09/10/2008

A principios de año numerosos deportistas de élite recibieron una increíble oferta por parte de diversos intermediarios: un producto indetectable en los controles antidopaje, una EPO llamada de tercera generación, una molécula tan pequeña que nadie la podía ver y que con sólo una inyección al mes lograba que el organismo fabricara tantos glóbulos rojos como los que se conseguía con una inyección diaria de EPO tradicional.

A principios de año numerosos deportistas de élite recibieron una increíble oferta por parte de diversos intermediarios: un producto indetectable en los controles antidopaje, una EPO llamada de tercera generación, una molécula tan pequeña que nadie la podía ver y que con sólo una inyección al mes lograba que el organismo fabricara tantos glóbulos rojos -o sea, oxígeno en la sangre, elemento que marca la diferencia en las pruebas de resistencia- como los que se conseguía con una inyección diaria de EPO tradicional o con laboriosas y engorrosas transfusiones de sangre. La CERA, que así se llama el medicamento salido de los laboratorios Roche, se convirtió automáticamente en un superventas, como posteriormente, y para pasmo y desgracia de sus usuarios, se ha comprobado.

De lo que no informaron los vendedores a sus clientes, o por lo menos, no con el tiempo necesario, fue que en junio los científicos del laboratorio francés antidopaje publicaron en la revista Haematologica un método para detectar la CERA en orina y de que los laboratorios Roche, en colaboración con la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), estaba dando los últimos toques para poner a punto un kit de detección que aplicado a una gota de sangre podría detectar la molécula de la CERA hasta más de un mes después de haber sido utilizada. Los corredores que se habían inyectado CERA, siglas en inglés que corresponden en castellano a Activación Continua del Receptor de Eritropoiesis (algo así como apretar el interruptor para que la fábrica de glóbulos rojos en la médula ósea trabaje), para el Tour comenzaron a sufrir el sinvivir cuando Riccardo Riccò, el fabuloso escalador del Saunier Duval, dio positivo. Y muchos suspiraron aliviados cuando terminado el Tour comprobaron que su nombre no salía en la lista de positivos: el método en orina no era perfecto.

Pero para alimentar su insomnio, en septiembre, después de los Juegos Olímpicos, la Agencia Francesa Antidopaje comunicó que el laboratorio de París tenía un nuevo método para detectar la CERA en sangre, y que era tan bueno que ninguno se iba a librar. Y que tenían tantas ganas de probarlo que iban a descongelar las muestras de sangre tomadas en el Tour a todo el pelotón y que iban a aplicarlo a las más sospechosas, a los corredores cuya orina se había quedado en el límite del positivo. El lunes se anunciaron los resultados: bingo. Las tres primeras muestras analizadas, las de Riccò, Leo Piepoli y Stefan Schumacher habían dado positivo. Y se dio a conocer otro hecho inquietante: en el laboratorio de Lausana habían hecho funcionar el método, más fino aún, de Roche y todos los resultados se iban confirmando.

El siguiente paso en la estrategia de cerco que las autoridades deportivas mundiales han emprendido con el dopaje lo dio ayer el Comité Olímpico Internacional (COI), al comunicar que había puesto en marcha una operación logística sin precedentes para transportar desde Pekín a Lausana las 1.000 muestras de sangre que se tomaron a deportistas en los Juegos. Durante la cita pekinesa, no se halló CERA en ningún deportista, pero las autoridades están dispuestas a subsanar lo que consideran un fallo.

La expectación es máxima, aunque los análisis antidopaje retroactivos sobre muestras congeladas no son una novedad. El Código Mundial Antidopaje permite guardar ocho años estas muestras para aplicarles nuevos métodos de detección según se aprueban. En los Juegos de Atenas, la estrategia salió mal: un error en el proceso de congelación inutilizó la sangre de Tyler Hamilton, el ciclista norteamericano que dio positivo en la Vuelta y a quien no se pudo privar de su oro olímpico pese a que las autoridades tenían el convencimiento de que había hecho trampas.

miércoles, 8 de octubre de 2008

LA ALTURA EN LA NATACIÓN, EN NOTINAT




Amaury Leveaux, 204 centímetros

Hace unos pocos días, pero también en otras muchas aportaciones a Notinat, hemos hablado de la altura de los nadadores. Es evidente que se trata de un factor que ha ido evolucionando a lo largo de los años, condicionando, hasta cierto punto, los resultados conseguidos, en el sentido que han ayudado a la espectacular mejora de los resultados cronométricos.

Hoy queremos hacer una nueva aportación a este estudio, haciendo un pequeño estudio de la altura de todos los finalistas olímpicos individuales desde 1968, año a partir del cual, y con algunas excepciones, hemos podido entresacar los datos necesarios (y aquí queremos hacer mención de la página www.sports-reference.com, de la que los hemos conseguido, una magnífica página de la que se pueden extraer los resultados cronométricos conseguidos por todos los nadadores olímpicos, pero también otros interesantes datos).

Aunque en un principio habíamos pensado tabular los datos de todos los JJ.OO., finalmente nos hemos quedado únicamente con tres de ellos, los de 1968, 1988, y 2008, puesto que representan, con estos 20 años de diferencia entre cada uno de ellos, a tres diferentes generaciones de nadadores, puesto que, si no hemos visto mal (i excepto el caso de Dara Torres), ningún otro nadador ha conseguido participar en dos de estos tres Juegos.

Los datos evidencian lo que ya todos sabemos, y es que la altura de los nadadores ha ido aumentando. Esto se nota tanto entre los hombres, como entre las mujeres, y se nota mucho más entre los Juegos de Ciudad México y Seúl (más de seis centímetros de media, tanto entre los hombres como entre las mujeres), que no entre estos últimos y los de Pekín (en los que no llega a un centímetro la ganancia entre los hombres, e incluso desciende ligeramente, poco menos de un centímetro, entre las mujeres).

Las pautas de crecimiento para cada prueba son prácticamente constantes para ambos sexos. Así, podemos ver que la correlación Ciudad México – Seúl, únicamente falla en los 100m.espalda (la media es mayor en la capital mexicana que en la coreana), en tanto que en la de Seúl – Pekín, falla en los 200 y 400m. crol, los 100m.braza, y 200m. estilos, pruebas en las que el promedio de Seúl es mayor que el de Pekín. Entre las mujeres, no hay ningún fallo en la correlación Ciudad México – Seúl, mientras en la Seúl – Pekín falla en siete pruebas: 100 y 200m.crol, 100 y 200m. espalda, 100m. braza, 100m. mariposa, y 200m.estilos.

Digamos, como “eximente” de estos últimos datos femeninos, que en Seúl se dieron cita tres de las finalistas más altas que haya tenido la natación olímpica: la costarricense Silvia Poll, 192 cm., y las alemanas de la DDR, Kathryn Meissner, Astrid Strauss, y Kristin Otto, 187cm. las dos primeras, 185cm. la tercera, lo que hizo elevar bastante el promedio de altura.

Otra cosa que ya todos sabíamos, poco más o menos. Las máximas alturas las dan los velocistas y los espaldistas, aunque esta regla solo sea generalmente para los hombres, mientras falla en las mujeres. Los promedios masculinos que pasan de los 190cm. son las dos pruebas de velocidad y las dos de espalda, aunque se observa que los velocistas tienen más peso (es decir, más musculatura) que los espaldistas, cosa lógica y previsible. Entre las mujeres, el único promedio que se acerca a los 180cm. es el de los 100m. espalda de Seúl, 179.25 cm., donde la presencia de Silvia Poll y Kristin Otto, ayudan mucho a conseguirlo.

Tenemos registrados 14 finalistas, repetimos que individuales, por encima de los dos metros, es decir, los “techos” de la natación olímpica: en los 200cm., los norteamericanos Steve Reryck en Ciudad México, y Matt Biondi en Seúl y Barcelona; el francés Stephen Caron en Los Ángeles, Seúl y Barcelona; los británicos Kevin Boyd en Seúl, y Paul Palmer en Atlanta y Sídney; y el ruso Alexander Popov en Barcelona, Atlanta, y Sídney.

En los 201cm, el alemán Michael Gross en Los Ángeles y Seúl, y el norteamericano Tom Dolan en Atlanta y Sídney. En los 202cm, el alemán Steve Theloke en Sídney. En los 203, el brasileño Gustavo Borges en Barcelona y Atlanta; el holandés Marcel Wouda en Atlanta y Sídney, y el norteamericano Matt Grevers en Pekín. Finalmente, en los 204 cm., el ucraniano Olexander Volynets en Sídney y Atenas, y el francés Amaury Leveaux en Pekín.

Entre las mujeres de más de 185cm. nos encontramos: en los 186, la holandesa Marianne Muis en Seúl; la rusa Natalia Mescheryakova en Barcelona y Atlanta; la alemana Antje Buschschulte, en Atlanta, Sídney y Atenas, y la polaca Katarzyna Baranowska en Atenas. En los 187, las alemanas orientales Kathryn Meissner y Astrid Strauss, ambas en Seúl, y la polaca Otylia Jedrzejczak en Sídney, Atenas y Pekín. En los 191, la rumana Carmen Bunaciu en Moscú y Los Ángeles, y la costarricense Clàudia Poll, en Atlanta y Sídney, y, finalmente, en los 192cm., Silvia Poll (hermana de Clàudia) en Seúl y Barcelona.

Finalmente, presentamos también dos cuadros, en los que hemos tabulado las alturas de
todos los finalistas en cada una de las ediciones de los Juegos, graduados por sucesivos escalones de 5cm. Como era lógico esperar, en dichos cuadros puede verse que una gran mayoria de mujeres finalistas, un 51%, se colocan en los dos escalones de 165-169 y 170-174cm., mientras entre los hombres, un 54%, está entre los dos escalones de 180-184, y 185-189, que no dejan de ser, al fin y al cabo, las alturas más normales entre los mejores que se dedican a nuestro deporte.

De todas formas, y como todos también sabemos, con ambos cuadros también puede verse que, afortunadamente, la altura tampoco es un factor exclusivo para conseguir estar en una final olímpica, e incluso en uno cualquiera de los tres escalones del podio. Así lo indican, por ejemplo, los casos de la japonesa Reiko Nakamura, medalla de bronce de 200m.espalda en Atenas y Pekín, con sus 166cm. de altura, o el de otra japonesa, Kyoko Iwasaki, campeona de los 200m.braza en Barcelona, con sus 159cm., o, entre los hombres, el del cubano Neisser Bent, tercero en los 100m.espalda de Atlanta, con sus 170cm., o, más cerca todavía, el del japonés Kosuke Kitajima, cuádruple campeón olímpico con sus 176cm., por no mencionar los 158cm. del brasileño Ricardo Prado, subcampeón olímpico de 400m. estilos en los Juegos de Moscú.