María
Vicente ha tomado una decisión. La plusmarquista española de héptatlon, la
atleta que un día iluminó el atletismo juvenil mundial con un oro que aún
resuena, ha anunciado que se va a entrenar a Inglaterra. Lo acaba de publicar
en sus redes. Concretamente al grupo de Loughborough, bajo las órdenes de Aston
Moore, el técnico que ha guiado a Katarina Johnson-Thompson hasta el oro mundial
y la plata olímpica. Acaba de llegar. No es un cambio de club ni un simple
ajuste de temporada. Es un adiós a las pistas españolas como base cotidiana, un
traslado que acentúa, una vez más, la fuga de talentos que experimenta estos
días el atletismo nacional.
El
anuncio de Vicente llega en un momento en el que el atletismo parece vivir
instalado en una contradicción permanente. Por un lado, brillan medallas
aisladas, récords nacionales que se rompen a golpe de talento individual y una
generación de velocistas y mediofondistas que, a ratos, ilusiona. Por otro, se
acumulan las maletas.
Josué
Canales se marcha a Australia el día 22. Mohamed Attaoui y Marta García se
preparan en Suiza. Jordan Díaz, el campeón olímpico de triple salto, abandonó
el grupo de Iván Pedroso en Guadalajara para instalarse en la Universidad
Kansas State. Águeda Marqués, finalista olímpica de 1.500 en París, dejó el CAR
de Madrid para ponerse en manos de Gjert Ingebrigtsen. Y ahora María Vicente
elige Loughborough.
Ramón
Cid, preparador de Vicente hasta este mes de octubre, explica a ABC que
comparte la decisión de la atleta catalana. «Llevamos meses hablando de esto.
Ambos creemos que es el momento adecuado para dar un cambio. María está en un
punto de su carrera deportiva en el que le convienen aires nuevos, conceptos
técnicos diferentes y algunas transformaciones en la planificación del
entrenamiento de cara a los próximos Juegos Olímpicos. Es un planteamiento de
futuro: a mi me quedan dos años como entrenador, a ella, mucho más como atleta.
Tiene todo mi apoyo
María
Vicente ha vivido un calvario de lesiones. El tendón de Aquiles que se rompió
cuando soñaba con el oro en Glasgow 2024, parones, recuperaciones
interminables, la sensación de que el cuerpo, tan prodigioso, se rebelaba una y
otra vez. Volvió. Batió su propio récord de España en Birmingham con 6.372
puntos y se clasificó octava de Europa. Sonrió. Dijo que volvía a nacer cada
vez que pisaba la pista. Ha decidido que el siguiente capítulo se escribirá en
las instalaciones británicas junto a una de las mejores especialistas de las
combinadas del planeta.
El
grupo de Aston Moore en Loughborough no es un simple entorno de entrenamiento.
El técnico jamaicano de nacimiento, antiguo plusmarquista británico de triple
salto, ha construido a lo largo de décadas una reputación de sabio en saltos
horizontales y pruebas combinadas. Ha guiado a Phillips Idowu hasta el oro
mundial, a Ashia Hansen hasta el récord del mundo indoor y a Kelly Sotherton
hasta el título de la Commonwealth. Desde hace años trabaja con Katarina
Johnson-Thompson en la universidad de Loughborough, un centro de alto
rendimiento que concentra instalaciones de primer nivel, apoyo científico y un
ecosistema de atletas de élite. Moore es conocido por un enfoque meticuloso y
exigente: sesiones de preparación de los 800 metros que dejan a las atletas al
límite (Johnson-Thompson confesó haber vomitado en alguna de ellas), trabajo
técnico minucioso en los saltos, sesiones duras y una filosofía centrada en la
persona, no solo en la marca. Los que conocen el grupo dicen que sus atletas
adoran a Moore. La capacidad de este entrenador de 70 años para reconstruir
atletas rotas y devolverlas a la cima es precisamente lo que atrae a Vicente,
que busca continuidad y especialización después de años de interrupciones.
El
atletismo español analiza a fondo estos días su propia estructura técnica. Los
centros de alto rendimiento parecen no convencer a todos y los grupos de
entrenamiento de élite escasean en especialidades técnicas como las combinadas.
El apoyo económico es precario para quien no figura en el primer plano
mediático. La clave se centra en encontrar un ecosistema que retenga el talento
cuando este alcanza la madurez. María Vicente se va, de común acuerdo con su
técnico Ramón Cid, porque percibe que fuera hay más recursos, más
especialización, más posibilidad de rodearse de un entorno que multiplique su
potencial en lugar de limitarlo.
Loughborough
no es casualidad. Allí existe una tradición sólida en las pruebas combinadas,
un entorno universitario de alto rendimiento y un técnico con un historial
contrastado en la recuperación y el perfeccionamiento de heptatletas de élite.
La decisión de Vicente no es un capricho de joven impaciente. Tiene 25 años, ha
sufrido más de lo que debería y conoce perfectamente el valor de cada sesión de
entrenamiento. Si elige marcharse es porque calcula que allí podrá acercarse
más a los 6.600 puntos que necesita para aspirar a algo grande en Los Ángeles
2028.
La
Federación Española, mientras tanto, observa. Raúl Chapado ha defendido en más
de una ocasión la labor institucional. El argumento, aunque comprensible en su
lógica de control, no resuelve el problema de fondo: cuando el talento madura y
necesita un salto de calidad, el sistema no siempre está a la altura. Las
medallas de Birmingham se celebraron pero Marta García y Attaoui se entrenan
fuera de España. Ahora se suma otro talento3.
La
movilidad se está convirtiendo en algo natural en nuestro atletismo. Nadie
puede exigir a un deportista de élite que permanezca en un entorno que percibe
como limitado para su progresión. Pero cuando la lista de quienes se van crece
temporada tras temporada -Díaz, Marqués, Canales, Attaoui, Vicente-, cuando las
promesas más brillantes de una generación terminan preparándose en grupos
extranjeros, el diagnóstico cambia. La movilidad ya parece imparable.
María
Vicente representa exactamente lo que el atletismo español necesita retener:
talento puro, capacidad de sufrimiento, versatilidad técnica y una resiliencia
a prueba de bombas. Fue campeona del mundo juvenil, estableció plusmarcas que
aún no han sido superadas en categorías inferiores y ha demostrado, tras cada
lesión, que posee la cabeza y el corazón de las grandes. Que ahora decida
entrenarse en Loughborough con el técnico de Johnson-Thompson anuncia una nueva
etapa.
El
atletismo es un deporte de soledades y de grupos. De zancadas individuales y de
estructuras colectivas. Cuando la progresión es escasa, las zancadas se van. Y
cada vez que se van, el tartán español se queda un poco más vacío. María
Vicente se marcha. La pregunta que queda flotando en el aire no es por qué se
va ella sino quién será el siguiente.









