lunes, 2 de enero de 2017

"NOS FALTA SER CAMPEONA DEL MUNDO"

PACO ROCHE
Marca.com

Para ser fiel a la realidad, el titular de esta entrevista debería ser: "Queremos ser campeones del mundo". Se modificó porque resultaría difícil de entender cuando la protagonista es una deportista que compite en una disciplina individual. Ruth Beitia habla siempre en plural porque sólo se considera la mitad de la unidad que forma con Ramón Torralbo, el entrenador que la descubrió y con el que lleva más de un cuarto de siglo trabajando. Como integrante de esa unidad, la atleta ha ganado más títulos en 2016 que muchos deportistas en toda su carrera, pero su rutina diaria apenas ha variado. Sigue haciendo lo mismo: trabajar como diputada regional, estudiar psicología y entrenarse a diario. Tampoco ha cambiado la simpatía con la que atiende a las personas que cada día se acercan para contarle la emoción con que vivieron su triunfo en Río. De hecho, si percibe que alguien la reconoce pero no se atreve a abordarla, le sonríe para romper el hielo. Con esa sonrisa que ha convertido en su seña de identidad, recibe a MARCA en el módulo de atletismo del complejo deportivo de La Albericia para repasar este año inolvidable, pero también para desvelar los retos que ya tiene en mente para 2017. Lo hace bajo el listón que ha ido subiendo centímetro a centímetro desde que dio su primer salto a los 11 años.

Pregunta. Si este listón pudiera hablar, ¿qué secretos nos contaría de Ruth Beitia?
Respuesta. Uff, si hablase... [se ríe]. Este listón es viejito y tiene mucha historia. Dicen que hablo con el listón, aunque yo no soy consciente. Lo que sí es seguro es que lo considero mi amigo, no le quiero hacer daño, que no se caiga al suelo [se ríe]. Pero secretos hay pocos. Soy un libro abierto. Por suerte o por desgracia, tecleas Ruth Beitia en Google y estoy hasta en la sopa. Es muy poco lo que no se sabe de mí. El mayor secreto son los 26 años que llevo con Ramón [Torralbo, su entrenador], la persona que me cogió con 11 años de la mano para cumplir mis sueños. El secreto es el trabajo, la constancia, el sacrificio... todos esos valores que te aporta el deporte que me ha enseñado Ramón y que se pueden extrapolar a todos los aspectos de la vida.

P. Campeona de Europa, campeona olímpica, plata mundial, ganadora de la Diamond League... Tal y como ha ido el año, tendrá pocas ganas de que termine este 2016, ¿no? 
R. Que llegue el 2017, sí, por supuesto. A mí me gusta dar la vuelta rápidamente a la tortilla. Igual te diría que no llegue el 1 de abril, que es cuando paso de los 37 a los 38 [se ríe]. Los 37 han sido los verdaderamente mágicos. No importa que llegue un nuevo año, además ¡termina en 7! Y luego, cuando lleguen los 38, pues imagino que seguiré así de feliz porque quiero seguir saltando al cien por cien y mantener esta misma ilusión.

P. ¿Qué puede traerle 2017 para mejorar el año que se va?
R. 2016 nunca más va a volver a ocurrir. Ser subcampeona del mundo, campeona de Europa, oro olímpico y ganar otra Diamond League. Es imposible que llegue tal cual, a no ser que sea dentro de cuatro años y no veo factible llegar a otros Juegos con 41, se me hace un poco lejano. Pero siempre hay que buscar ese punto de motivación. Volviendo de Zúrich, de la última Diamond League, mi entrenador y yo dijimos: ¡nunca hemos sido campeones del mundo! Pues igual es la nueva motivación. El Mundial al aire libre es en un sitio especial, en Londres, una pista que supuso el punto de inflexión de mi carrera. Me robó el sueño de conseguir la medalla olímpica y también, por qué no, me dio durante estos cuatro años ese latir, esa sensación de que podía cumplirlo y al final se hizo realidad. Londres es una pista que me llena, tengo ganas de volver y ojalá que esa motivación sea ser campeona del mundo.

P. Estamos acostumbrados a ver a deportistas competir con cara de concentración, incluso con muecas hostiles. Usted, en cambio, ha convertido su sonrisa en seña de identidad. ¿Es una técnica psicológica o un reflejo de su felicidad?
R. Es el reflejo de mi felicidad, totalmente. Me sale sola, no soy consciente. Pero es verdad que también puede ser un arma porque ese estado de felicidad, de nirvana, que he alcanzado compitiendo, quizá las demás saltadoras no lo entiendan. Cuando ellas están sufriendo delante del listón, yo me lo estoy pasando genial.

P. ¿Qué tiene usted que no tengan ellas?
R. Mucha experiencia, muchas cosas vividas. Catorce medallas internacionales, Europeos, Mundiales, Juegos... ¡y 37 años! La chica que ganó el Mundial en pista cubierta [Vashti Cunningham] tenía 18 años. ¡Podía ser perfectamente mi hija! En ese momento creo que ganó porque no sabía dónde estaba, era júnior, no conocía a sus rivales. Llegó y se puso a saltar, pero luego al aire libre se ha visto esa tensión y esa presión.
Me acuerdo cuando salté por primera vez dos metros... Son muchas las piedras que te echas en la mochila, mucha responsabilidad, la ansiedad que te provoca ser una cabeza visible y tener que conseguir buenos resultados. Esos espectros enturbian el salto. Yo ya no tengo esa presión. Me lo estoy pasando mejor que nunca, esto es una prórroga que me está dando la vida que es un regalazo.

P. Pero alguna vez se enfadará, ¿no? R. Sí, pero que no lo vea nadie porque para enfadarme tengo que estar muy al borde. P. ¿Qué la hizo enfadarse por última vez?
R. No me acuerdo. Tengo una filosofía de vida de darle la vuelta a las cosas y no soy nada visceral. Me gusta tomarme mi tiempo, contar hasta 10 y a veces hasta 20. Y, sobre todo, hablar las cosas. Creo que se está perdiendo la comunicación. ¡Hay que dejar de mandar tantos watsapps y hablar con la gente!

P. Hablando de hablar, ¿qué es lo más bonito que le han dicho desde que volvió de Río?
R. No me quedo con nada en especial, si no con toda la gente que se mantuvo despierta hasta las cinco de la mañana para vivir mi sueño conmigo. Muchos bares quitaron la música para verlo, no sólo en Cantabria sino en muchas partes de España. Me quedo con el cariño de la gente. Nunca imaginé ese cariño, esa gente en la calle apoyándome y felicitándome... Son tantos momentos que no sabría decir. Me quedo con estos tres meses, que han sido muy locos, que me han sacado totalmente de mi rutina. Porque yo voy a golpe de agenda: estudio, entreno y trabajo, y me tiene que dar tiempo a todo. Salirme de la rutina ha sido fantástico por ese cariño de la gente, aunque necesito volverme a centrar en lo que soy. Quiero seguir siendo saltadora de altura y ya dentro de poco tenemos Europeo en marzo