lunes, 10 de febrero de 2014

ODRIOZOLA: "SIGO CONFIANDO EN MARTA DOMÍNGUEZ, A LA QUE ADMIRO"

MIGUEL ÁNGEL BARROSO
ABC.es


José María Odriozola cumplirá 75 años en julio, pero su aspecto lo desmiente. Dice que el secreto está en correr siete u ocho kilómetros cada día, recordar al cuerpo lo que fue (percha de un mediofondista que acabó, como tantos otros, probando en el maratón). Hace un cuarto de siglo sucedió a Juan Manuel de la Hoz en la presidencia de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA); es el dirigente deportivo español más antiguo, con la excepción de Ángel María Villar, al frente del fútbol español desde hace 26 años, y de Carlos Gracia, presidente de la Federación de Automovilismo desde 1984. Vivió la gloria en Barcelona 92 y otras citas de aquella década prodigiosa para nuestro atletismo, y la decepción en el Mundial de Daegu y los Juegos de Londres. En el ecuador de su último mandato (se irá en 2016 tras los Juegos de Río de Janeiro), asegura que no dejará un delfín.

—Veinticinco años como presidente de la RFEA. ¿Pensó que iba a durar tanto en el puesto?
—Claro que no. Con el tiempo creas un equipo que te ayuda a continuar. Es, quizás, de lo que estoy más orgulloso. Pensaba que si me iba se podían cargar a esta gente, porque en España los sistemas son muy presidencialistas. Ha sido duro, porque te examinan cada día y te sientes incomprendido, pero procuro acordarse de las satisfacciones. Mucha gente no sabe lo que es tener un cargo así. La famosa poltrona es un trabajo que ocupa todos los días del año, apenas descansas y, si no acompañan los resultados, el estrés se multiplica.

—¿Qué ha pasado durante los últimos años para que la cosecha de éxitos haya menguado?
—En este país cada vez se exige más cuando llegas a un nivel, pero resulta que los demás también quieren ganar. La disolución de la Unión Soviética y la irrupción de países subdesarrollados en lo económico, pero con un inmenso potencial en atletismo, han puesto las medallas muy caras. Eso parece no entenderse. Y tengo que añadir algo, aunque me riñan: los atletas entrenan menos ahora que en la época de Fermín Cacho. No todos tienen la cabeza de Cacho o Martín Fiz. Es mucho más importante la preparación y la fuerza de voluntad que las propias condiciones físicas.
—¿Dónde está exactamente el atletismo español?
—Tenemos la obligación moral de estar entre los mejores de Europa, los quintos, sextos o séptimos. Ya sé que todo lo que no sea medalla no se valora, pero es un enorme mérito medirse con países que la gente no sabe poner en el mapa y tienen campeones olímpicos. La desigualdad es tal que propusimos reducir el número de participantes por país en las pruebas. Porque cuando tienes tres americanos, tres etíopes y tres kenianos compitiendo juntos, meterse en una final es un milagro.

—¿El presidente de la RFEA tiene que ser amigo de los atletas?
—Durante años —según me recriminaba mi entorno— era demasiado amigo. Los escuchaba, los intentaba entender y ayudar, y me llevé muchos disgustos; cuando tienes que tomar una decisión en contra de alguno, porque no se ha ganado el derecho a ir a una competición, ya eres su peor enemigo. Eso se tenía que acabar. Me he distanciado de forma voluntaria. Desde que nombré a Ramón Cid director técnico la cercanía se la dejo a él y yo me concentro en el aspecto gerencial. Pero mi puerta está abierta. Ahora bien, el diálogo es hablar, no aceptar necesariamente lo que el otro propone, y si hay que tomar decisiones antipopulares, qué le vamos a hacer. Lo importante es ser justo.

—La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo ha expedientado a Marta Domínguez por dopaje...
—Sigo confiando en la limpieza de Marta mientras no se demuestre lo contrario, y además la admiro porque es la mejor atleta española de la historia.

—¿Y el expediente?
—Sigue su curso en los tribunales deportivos.

—¿Cree que el pasaporte biológico es eficaz para luchar contra el dopaje?
—Puede ser un complemento muy eficaz si los datos que evalúa son muy claros, que a veces lo son, pero cuando esto no ocurre da pie a diversas interpretaciones, como ha ocurrido en el caso de Marta Domínguez.

—¿Qué momentos recuerda de su mandato?
—Los Juegos de Barcelona, con el éxito de Cacho, Peñalver, Plaza y García Chico; el triplete del maratón en el Europeo de Helsinki 94 con Martín Fiz, Diego García y Alberto Juzdado; el Mundial de Sevilla, en el que ganamos varias medallas en un ambiente irrepetible; la impresionante carrera de Ruth Beitia… Esas han sido las mayores alegrías. Y el peor disgusto, sin duda, la injusta descalificación de Natalia Rodríguez en la final de 1.500 del Mundial de Berlín 2009.

—¿Cómo es haber vivido una época de vacas gordas y ahora tener que administrar la escasez?
—Muy complicado. En 2008 tocamos techo en el presupuesto ordinario con 15 millones de euros; el año pasado, 7,2 millones, menos de la mitad. Nos hemos visto obligados a presentar un ERE y bajarnos los sueldos. Pero de la necesidad surgen cosas positivas, como comprobar quién está en el atletismo porque le apasiona. La gente ha respondido y en 2013 cosechamos mejores resultados que en 2012, con menos dinero y sin renunciar a grandes eventos. Inventamos un atletismo más austero.

—¿Y esta temporada?
—Nuestra razón de existir son los equipos nacionales. En agosto iremos al Europeo de Zúrich con 80 atletas, batiendo nuestro récord de participación. Algunos dirán que los llevo de excursión, pero si un deportista viaja es porque ha hecho la marca mínima exigida. ¿Que no gana medalla? El solo hecho de estar allí es un triunfo. También llevaremos un buen equipo al Mundial de pista cubierta de Sopot (Polonia).

—Ha mencionado a grandes estrellas del atletismo español de otro tiempo. ¿Hay un relevo en marcha?
—Hay jóvenes que ilusionan, como el saltador Eusebio Cáceres, que puede llegar a superar a Yago Lamela, lo cual son palabras mayores. También en longitud hay una chica valenciana de origen senegalés, Fátima Diame, muy prometedora. Y la triplista Ana Peleteiro, el velocista Bruno Hortelano, el lanzador de jabalina Pablo Bugallo...

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