viernes, 25 de abril de 2014

LA VUELTA DEL ANFIBIO PHELPS



CARLOS ARRIBAS
El País.com

La tarde londinense de agosto de 2012 en que colgaron en su cuello su 22ª medalla olímpica (la 18ª de oro), Michael Phelps, un ser anfibio, lo anunció como quien promete que va a dejar de fumar: "No me volveréis a ver en el agua. He alcanzado todos mis objetivos. He pasado tanto tiempo de mi vida en el agua que no volveré a tirarme a una piscina, ni siquiera por diversión". Este jueves, privilegio solo de los más grandes, se llevó la contraria estruendosamente en la desértica y calurosa Mesa (Arizona), en cuyo Grand Prix volvió a la competición en su prueba fetiche, los 100m mariposa. Como pocos dudaban, volvió a lo grande: más grande físicamente (con barba y un pequeño cinturón adiposo a la altura del pliegue del bañador en la cintura) y grande también como nadador, con un tiempo de 52,84s (3s más lento que su récord del mundo, batido en Roma en 2009 con el bañador luego prohibido; 2s más lento que el que le valió su tercer oro en Londres), que fue el mejor entre el más de centenar de nadadores que participaron en las 14 series de la prueba, y que no está nada mal para estas alturas de la primavera. Una décima más rápido que Ray Lochte, por ejemplo, y más rápido también que Eugene Godsoe, que ganó el título nacional el pasado verano. "Me ha encantado, pero lo puedo hacer mejor, por supuesto", dijo el nadador. "He cometido algunos errores, que corregiré esta noche en la final".
La promesa, el compromiso de Phelps de no volver a mojarse, duró 14 meses, mucho menos de lo que muchos apostaban y que ahora recuerdan que Michael Jordan logró aguantar tres años antes de volver a las canchas como un campeón, que Lance Armstrong tardó cuatro en retornar al Tour que finalmente mataría su leyenda, que otros inmortales que regresaron porque la vida sin competición no era ni vida ni nada, como Mark Spitz, Ian Thorpe, como Michael Schumacher, tardaron bastante más. Pero Phelps, que no solo es el más grande nadador de la historia olímpica sino también, en palabras del anterior más grande, Mark Spitz, "el más grande competidor que nadie haya conocido", también debía ser el más rápido en regresar. Y también convertirse en el más longevo. Si persiste en su idea de llegar a Río 2016, cuando ya tendrá 31 años, estos serían sus cuartos Juegos Olímpicos.
En octubre pasado, con mono de cloro y quizás ahogado por la saturación de oxígeno, de vida al aire libre sobre tierra firme que tan deprimente ha sido para otros campeones antes que él, Phelps, que dentro de un par de meses cumplirá 29 años, volvió de nuevo a la piscina de North Baltimore y le dijo a Bob Bowman, su entrenador desde que tenía 11 años, que quería volver. "Pesaba entonces 102 kilos, 18 más de los que pesaba en Londres 2012. Ahora estoy en 87, lo que no es poco descenso", dijo Phelps la víspera en su primera conferencia de prensa en dos años. Y en ella el Baltimore kid bromeó presentándose como un "abuelo". "Y la verdad es que cuando empecé de nuevo era como un saco".
El hombre de los ocho oros de Pekín se había trabajado el sobrepeso con unos meses dorados de dolce far niente, meses en los que dedicó su tiempo a jugar al golf, al póker, a ganar dinero siendo hombre anuncio de una cadena de restaurantes de sándwiches, una empresa de piscinas prefabricadas y una firma de ropa deportiva. "En este tiempo no he hecho nada", dijo Phelps, que se entrena cinco días a la semana y vuelve sin patrocinador, sin lucir publicidad. "Y empecé a notar que me faltaba algo, que echaba de menos la natación. Así de sencilla es la razón de mi regreso. Solo vuelvo para divertirme. Y me estoy divirtiendo de verdad".
Phelps reconoció que el momento más duro de su carrera fue la preparación para Londres, la dificultad de encontrar una motivación que le permitiera sacrificarse lo necesario para mantener su imposible nivel de ocho oros de Pekín. Por eso redujo a siete sus competiciones en Londres (cuatro oros). Por eso, quizás, siempre que llegue a Río, será aún más corto. "No sé si estaré en Río y a qué nivel", dijo en Arizona. "Pero mi vida siempre ha consistido en objetivos y en deseos que quería cumplir. Y ahora es también así. Tengo objetivos y sueños. Es lo que he hecho en el pasado y estoy expectante por saber adónde me lleva el camino que se abre ante mí. El viaje comienza ahora".
Antes de Río 2016 se disputa en 2015, en Moscú, el Mundial, una cita a la que no debería faltar, lo que le obligará a acelerar su preparación. Así, los próximos campeonatos nacionales, en agosto, forman parte de los complicados sistemas de calificación de Estados Unidos para el Mundial. "Pero no me preocupa lo que la gente piense si no logro alcanzar el nivel que tuve", dijo. "Hago esto solo por mí. Si no logro los éxitos que la gente espera o que la gente cree que debo alcanzar, y si por eso se piensa que mi carrera queda manchada, eso es su problema".