TOMAS
CAMPOS
No
hace tanto tiempo, Europa ejercía un dominio casi titánico en el lanzamiento de
jabalina. Las escuelas finlandesa y alemana, con sus ramificaciones en los
otros países nórdicos y Europa del Este, copaban casi todos los podios
olímpicos y mundiales con la excepción de algunos lanzadores británicos o
estadounidenses.
Este
dominio, al menos en categoría masculina, se empezó a resquebrajar con el oro
del trinitense Keshorn Walcott en los Juegos de Londres 2012 con apenas 19
años. Walcott lograría un bronce olímpico cuatro años después en Río y el año
pasado se proclamó campeón del mundo en Tokio, 13 años después de su histórico
triunfo en la capital británica.
Ya
en los juegos de Tokio 2020, el subcontinente indio lograba su primer gran
éxito con el oro del indio Neeraj Chopra, que en París 2024 se debía conformar
con la plata a la estela del pakistaní Arshad Nadeem. El granadino Anderson
Peters completaba un podio absolutamente impensable hace sólo diez años.
En
2026, el protagonismo ha recaído en Rumesh Pathirage, un lanzador de Sri Lanka
que ha completado un año prácticamente perfecto con victorias en la final de la
Diamond League, el Ultimate Championship de Budapest, los Juegos de la
Commonwealth y los Juegos Asiáticos.
Precisamente Pathirage hablaba ayer en Nagoya (Japón) tras lograr su victoria en la jabalina de esos Juegos Asiáticos con un mejor lanzamiento de 88,55 metros, por delante de los indios Yashvir Singh (85,14) y Rohit Yadav (84,35).
La
influencia del Imperio Británico
Y
lo que dijo no es un secreto para nadie pero ayuda a completar un complejo
puzzle que no se entendería sin la impronta del Imperio Británico y su
influencia en sus antiguos territorios, más allá del trabajo, claro está, de
entrenadores extranjeros como el mítico checo Jan Zelezny -aún plusmarquista
mundial-, el ruso Sergey Makarov y el alemán Uwe Hohn, en el caso de Chopra y
la creciente escuela india.
Pathirage,
de momento, se ha situado octavo en la lista de todos los tiempos con un mejor
lanzamiento de 92,62 metros pero su gran reto llegará en los Juegos de Los
Ángeles 2028, donde intentará lograr el primer oro olímpico de la historia de
Sri Lanka.
Lo
más curioso es que lo hará precisamente en la edición en la que el críquet
vuelve a ser olímpico, 128 años después de su primera y única presencia en unos
Juegos, los de París 1900. Eso sí, lo hará en su modalidad T20, con partidos
más cortos que la modalidad clásica para encajarlos en el apretado calendario
olímpico.

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