TOMAS
CAMPOS
El
atletismo español, huérfano de superestrellas más allá de la inconmensurable
María Pérez, necesita a Jordan Díaz. El problema es que no está nada claro
que el talentoso triplista sepa lo que él quiere. O al menos eso es lo que ha
transmitido en los últimos dos años, desde su título olímpico en el Stade
de France. Con una personalidad caprichosa y un tanto impenetrable incluso para
su círculo más cercano, Jordan llevaba varios meses sin entrenador desde que
volara en marzo del nido de Iván Pedroso en Guadalajara, el técnico que le
llevó a la cima de su especialidad.
Su
objetivo
nunca fue un secreto pero se antojaba complicado, porque pasaba por un
visado para poder entrenar en Estados Unidos. Sin duda alguna un
giro copernicano a una carrera lastrada en las dos últimas temporadas por
las lesiones, las molestias e incluso la desidia. Ahora ya está allí, donde
quería.
Allí
le esperaba desde hace meses Travis Geopfert, entrenador jefe de la
Universidad Estatal de Kansas (K-State), un prestigioso técnico que ha moldeado
a atletas tan consolidados como la estadounidense Tara Davis-Woodhall,
vigente campeona olímpica de longitud, y los jamaicanos Wayne Pinnock y
Jaydon Hibbert.
El primero fue plata también en la longitud en esos mismos Juegos y el segundo
es un prometedor triplista de 21 años que ha sido campeón mundial sub 20 y se
perfila como rival del propio Jordan en los próximos años.
Su
adaptación no será nada fácil porque, para empezar, apenas chapurrea algo de
inglés. A
eso se suman los rigurosos métodos de entrenamiento de Geopfert, a los que
se deberá adaptar un atleta inconstante con los horarios.
Como
sea, su llegada al gigante americano es una gran noticia tras dos años casi en
blanco, con apenas una competición en su haber, el Campeonato de España en
Tarragona de 2025. El resto ha sido una larga y, hasta cierto punto,
autoimpuesta travesía por el desierto que ha puesto en duda incluso la viabilidad
de su carrera atlética.
Ahora, a sus 25 años, debe recuperar el tiempo perdido para volver a demostrar que es el triplista más talentoso de su generación. El mismo que voló hasta los 18,18 metros en los Europeos de Roma de 2024, para situarse como el tercero de la historia a sólo 11 centímetros del vetusto récord mundial de Jonathan Edwards. Si es por talento, ese debe ser su objetivo...

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