Ignacio Romo
Esperando
a Godot. La gran obra de teatro de Beckett, en la que los personajes esperan a
alguien (¿algún Dios quizá?) que nunca termina por llegar. Algo similar sucede
en el atletismo español con Jordan Díaz, nuestro campeón olímpico de triple
salto, que no ha vuelto a dar señales de vida en la alta competición desde hace
dos años. Problemas de presión, nerviosismo, miedo a lesionarse, falta de
ambición,… son muchas las circunstancias que se comentan en las pistas como
posibles causas del bloqueo que parece sufrir el saltador hispanocubano. Con
los Europeos de Valencia dentro de seis meses, el atletismo vuelve la mirada
con esperanza e incertidumbre hacia Jordan. Es una medalla segura si recupera
la forma y la estabilidad nerviosa.
Hay
atletas que brillan y se apagan. Otros, como Jordan, parecen elegir la penumbra
a conciencia. El campeón olímpico de triple salto, el mismo que en el verano de
2024 hizo temblar el Stade de France y antes, en Roma, había dejado el récord
de España en 18,18 metros —tercera mejor marca de la historia—, lleva ya
demasiado tiempo fuera de las pistas. Y todo esto parece suceder por causas
ajenas a lo físico, quizá falta de ganas o no encontrar de nuevo la ambición
tras haber logrado lo más grande: un título olímpico. Arranca la preparación
para una nueva temporada y el triplista afincado en Guadalajara sigue sumido en
las tinieblas.
Las
personas más cercanas a Jordan afirman que no es un atleta al uso y que sus
hábitos son muy particulares. El campeón olímpico duerme poco y dedica mucho
tiempo a los videojuegos. También parece haber perdido ambición competitiva,
las ganas de triunfar de nuevo en el atletismo.
La realidad es que en 2026 Jordan no ha realizado ni un solo salto en competición. Ni una sola vez. Renunció a los Europeos de Birmingham, donde debía defender el oro continental, y lo anunció con la contundencia de quien ha tomado una decisión meditada: un vídeo entrenando en un gimnasio de Guadalajara y el mensaje escueto «Road to 2027». Nada más. Ni disculpas ni dramatismos. Solo el reconocimiento de que el camino pasa, ahora, por centrarse en el próximo año.
Raúl
Chapado, presidente de la federación española y a su vez extriplista de alto
nivel, indica a ABC que «Jordan es un talento espectacular, tiene unas
condiciones físicas muy superiores a cualquiera de sus rivales actuales.
Confiamos en su recuperación, estamos hablando con él de forma periódica y
contamos con él en los Europeos del próximo mes de marzo».
¿Y dónde está Jordan? Se encuentra en Guadalajara y realiza una preparación física suave, de pretemporada, en su mayoría en parques y en un gimnasio de la ciudad. En este momento no dispone de entrenador y parece muy centrado en las redes sociales. Publica periódicamente su estado en Instagram, siempre con contenidos de actividades sociales y de recreo. El atletismo no parece ocupar mucho espacio en su cabeza.
Golpe de timón
El nerviosismo, la presión precompetitiva, parecen estar en el origen de la ausencia de Jordan y haberse convertido en su sombra más fiel. También se habló de problemas físicos que le hicieron abandonar en la ronda de clasificación de los Mundiales de Tokio, en septiembre de 2025. Antes, apenas un salto válido en todo el año: los 17,16 metros con los que se había proclamado campeón de España en Tarragona. Después, un intento de reaparición el pasado mes de febrero, en Liévin (Francia), que se quedó en el calentamiento. Días después, otra ausencia en los Nacionales indoor de Valencia donde se constató que no había lesión muscular objetivable. La cabeza de Jordan era la que decía no.
Entonces,
en marzo, el triplista dio un golpe de timón. De golpe. Dejó el grupo de Iván
Pedroso (de hecho, rompió la comunicación con él de forma brusca) en
Guadalajara, el mismo que le acogió cuando desertó de la delegación cubana en
2021 y con el que alcanzó la gloria. Rompió también con su mánager, Alberto
Suárez.
El
plan de Jordan consiste en marcharse a la Universidad Kansas State, a las
órdenes de Travis Geopfert, el técnico de la campeona olímpica de longitud Tara
Davis. Un cambio de aires, de método, de entorno. Pero los problemas de visado
—cada vez es más difícil para un cubano de nacimiento entrar en Estados Unidos—
han mantenido el proyecto en suspenso. Fuentes cercanas al saltador indican que
«sigue con las gestiones del visado».
A
sus 25 años, el triplista de origen habanero, de quien no se sabe si realmente
ama el atletismo, se ha convertido en una figura casi invisible del atletismo
español. El oro olímpico más discreto. Mantiene ayudas de patrocinadores,
aunque reducidas, especialmente desde que Puma decidió no renovar con él. Los
patrocinadores se desesperan. Y él, mientras, se mantiene en silencio. Mira a
2027, el año previo a los Juegos de Los Ángeles, donde está obligado a
demostrar que el oro de París no fue un destello aislado.
Hay
preocupación en el atletismo español. En un deporte que exige resultados
inmediatos y presencia constante, Díaz parece haber escogido una huida extraña.
La misma que le llevó de La Habana a España, del anonimato a la gloria en
apenas tres años de nacionalidad. Ahora toca otra travesía: la de reconstruir
la mente para volver a volar. Porque quien ha saltado 18,18 metros sabe que el
récord del mundo —esos 18,29 de Jonathan Edwards— sigue ahí, esperando. Debería
construir el siguiente salto. El importante.


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