martes, 10 de diciembre de 2013

ATO BOLDON: "BOLT HA ROTO LAS REGLAS DE LOS VELOCISTAS"


Gerardo Riquelme. Doha

MARCA.com

Ato Boldon (Puerto España, 1973) aún sigue siendo uno de los 15 hombres más rápidos de la historia. Corrió en 9.86 la recta y ganó cuatro medallas olímpicas, aunque ninguna de oro. El caribeño hizo luego carrera como comentarista de televisión en la ESPN y la NBC. En Doha habla de valores.

P: ¿Dónde está el límite de Usain Bolt?
Yo estaba en la carrera en la que Michael Johnson en Atlanta 1996 corrió los 200 metros en 19.32 y dije que este récord no lo batiría nadie en los próximos 50 años. No duró ni 15. Cuando hablas de límites, de marcas, inmediatamente piensas: a ver qué vas a decir porque nunca se sabe. Usain Bolt ha roto las reglas de los velocistas. Nos ha demostrado lo que es posible y cerca de él está Yohan Blake, que a su edad ha sido más rápido que Bolt.
Yo, que aún pienso como un velocista, creo que no se puede poner límite alguno al ser humano en el deporte.

P: ¿Le duele que su deporte se vea salpicado ahora tanto por el dopaje?
R: Me hundo cada vez que veo un caso de dopaje en cualquier deporte, no sólo en el atletismo. Hay gente que cree que todos los deportistas se dopan, pero mira la cantidad de estrellas que han caído en la última década por los controles. Eso significa que los controles, aunque no son perfectos, funcionan y limpian el deporte.

P: ¿Qué ideas aportaría usted para relanzar el atletismo que ya no está a la altura de su época?
R: El futuro del atletismo, creo, pasa por incluir relevos mixtos. En mi época se hablaba de enfrentar a un hombre frente a una mujer, pero no se trata de eso. Hablo de equipos, de equipos igualados, que compitan entre ellos. El atletismo es un deporte muy viejo y los cambios son muy lentos. Y luego emplear la tecnología en las retransmisiones. Con los medios tan sofisticados que hay hoy en día, se puede saber casi al instante que Bolt ha corrido en algún momento de la prueba a 27 millas por hora y el espectador demanda esto.

P: ¿Foros como Doha Goals, que buscan nuevas alternativas al deporte como negocio o herramienta, que suponen realmente?
R: Son fantásticos. Ya les he dicho que me siento ofendido por no haber sido invitado el año pasado. El deporte es lo único que podemos dejar como herencia. Incluso gente como Nelson Mandela, a pesar de que estaba prisionero, percibió que el deporte era lo único que tenía como herramienta para unir a un país y centrar a la gente en la idea de progresar y que una cosa que veían como negativa se podía transformar en positiva.
Es uno de los grandes momentos de mi vida, en serio. No sólo he conocido deportistas y gente del deporte con los que he compartido experiencias, sino que he entendido que a los jóvenes se les puede guiar material y espiritualmente a través de mi historia.

P: Usted estudió, triunfó como atleta, fue político y ha sido dominado a un Grammy ¿Qué le diría a esos jóvenes que quieren seguir sus pasos?
R: El atletismo sólo me abrió las puertas. En Trinidad y Tobago, donde estuve hasta los 14 años, el deporte no era lo único. Mis padres preferían que estudiara, que fuera un buen comunicador o que hiciera otras cosas antes que fuera un buen atleta. Creo que mi ejemplo, de serlo, está más en lo que he logrado como comunicador que como atleta, que fue un corto, pero precioso, momento de mi carrera.

P: ¿Pero usted fue hombre importante para el deporte de su país?
R: Es cierto. En mi época, el deporte no le importaba mucho a los dirigentes. No había derechos, ni había ayudas. Sólo les importaba cuántos directivos iban a viajar. La gente no lo sabe, pero mi madre me tuvo que ayudar a coser el traje del equipo nacional con el que competí en los Juegos de Atlanta (fue bronce). Ahora todo eso ha cambiado. A nivel mundial, Dick Fosbury, por ejemplo, cambió la altura con su salto y creo que mi generación cambió la manera de ver el deporte en mi país.

P: ¿Cómo encajó la muerte de Mandela?
R: La muerte de Mandela es especialmente dura para mí porque me parece una persona espectacular. Hice algunas obras de caridad en Sudáfrica en 2001 y una de las acciones fue ir a Robben Island a la celda donde él había estado durante 27 años. Es una sensación doble: por un lado creo que se ha perdido un tipo de persona que no volveremos a ver, pero por el otro digo: qué legado tan maravilloso nos ha dejado. Habrá miles de jóvenes dentro de unos años que dirán, yo leí la historia de ese hombre y me sirvió para ser un líder.