miércoles, 14 de marzo de 2018

LA TRASTIENDA DE BIRMINGHAM


CORAL AJA
www.wangconnection.com

Ha pasado ya más una semana desde que se clausurara el Mundial de atletismo en pista cubierta. Una vez asimilado lo vivido allí a nivel deportivo, con sus “derrotas” y sus victorias, es momento de hacer balance. Pero no de lo que todos ustedes hayan podido ver a través de la tele, sino de lo que los que estuvimos allí pudimos vivir y sentir.
No miento si digo que me siento una absoluta privilegiada por haber podido disfrutar del mejor atletismo desde las gradas y también metida de lleno en los embrollos de la zona mixta. Aún recuerdo el momento del primer paseo hasta el estadio, el mágico (aunque odiado por su pista un tanto fuera de lo normal) Arena Birmingham. Nevaba como nunca antes había visto, con la misma fuerza con la que muchísimos aficionados y amantes de este deporte pisábamos para llegar al estadio.
Numerosos voluntarios (¡ay!, benditos voluntarios, qué sería de estos eventos sin ellos) se disponían a lo largo del camino con manos gigantes de gomaespuma para indicar la dirección al estadio. Aguantando el frío, la nieve y sobre todo manteniendo la sonrisa. Entonces llegas. Miras hacia arriba, abajo, a los lados… Intentas asimilar lo que se te viene encima.
El momento de la acreditación fue de lo más divertido. “Keep calm and smile, my friend”, era la sonata de aquel lugar. ¿Quién dijo que los británicos eran unos sosos? Me he reído mucho con el personal que se desplegaba por los cuatro costados del Mundial. Y me he llevado gratas sorpresas con ellos. En la entrada general el control era muy riguroso, como luego lo sería en las distintas zonas del estadio (acceso a zona mixta, tribuna de prensa, media room, etc). Pero se agradecía, incluso a pesar de que se quedaron con mi palo selfie y tras el disgusto de la descalificación de Husillos se me olvidó recogerlo. Cosas del directo.
Una vez pasado el control se produce la magia. Sí, están leyendo bien. No hablo desde el amor que siento por este deporte. Lo digo de verdad y con contundencia. No sé qué pudieron llegar a ver desde casa, pero les aseguro que lo que se vivió dentro del Arena Birmingham fue algo de otro nivel.
La música animada y motivante acompañaba la competición en los momentos necesarios. Por el contrario, el silencio era absolutamente sepulcral cuando se iba a dar una salida. Las palmas se daban al unísono cuando las pedía un saltador y los gritos de asombro cuando se realizaba un buen registro eran ensordecedores. Todo a lo grande.
Además de las espectaculares presentaciones, donde se le otorgaba al atleta la importancia que merece (recordemos que sin atletas no hay atletismo), también había un continuo juego de luces en el estadio que era maravilloso. ¿Salida nula? El estadio se iluminaba de rojo. ¿Una marca espectacular o un triunfo? El estadio se bañaba de un popurrí de luces blancas parpadeantes. Y aunque ese triunfo o esa buena marca no la hubiera realizado alguien de tu país te emocionabas. Porque te hacían vivir el campeonato con la piel de gallina constante.
¿Y el podio? ¿Qué me dicen del podio? Sencillamente EXTRAORDINARIO. No fue necesario hacer uso de “Carros de fuego” (que a mí me encanta, dicho sea de paso) para emocionar al personal. Un juego de luces, bengalas y una música poderosa y digna de un ganador de batalla romana. Eso era el MOMENTAZO. La exaltación del ganador, el minuto más esperado por el atleta. Lo que han soñado, por lo que han trabajado. Pelos de punta y nudo en la garganta, una vez más.
El público enmudecía en ese instante, y no es para menos. Pero también lo daba todo. Sí, literalmente. Me puedo aventurar a decir que no he visto un público tan entregado. ¿Qué me enfocan con la Dance Cam? Pues me pongo a bailar y a celebrar el espectáculo que está delante de mis ojos. Qué manera de disfrutar, de vivir, en definitiva de sentir el deporte, señoras y señores. Y qué entrega por los colores de su país.
Huelga decir que cuando salía un británico en acción el público enloquecía por animar a alguien de la “tierruca” (como decimos en Cantabria), pero también era asombroso cómo podían llegar a alegrarse por tu alegría. Suena redundante pero es la verdad, esto no es un sueño ni una utopía. Es la pura realidad y ha ocurrido hace unos días en el festival del atletismo mundial. Aún recuerdo las felicitaciones de los que nos rodeaban cuando ganó Husillos y sus “I’m so sorry” cuando se produjo la descalificación.
Hace ya nueve días exactos que abandonamos las jornadas intensivas en el Arena Birmingham, pero os prometo que todavía se me dibuja una sonrisa y un escalofrío de emoción recorre mi cuerpo cada vez que me acuerdo de todo lo vivido allí. Porque esto es atletismo. El que quiero. El que enamora. El atletismo de verdad.

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