domingo, 7 de abril de 2013

OMAR CISNEROS PIENSA EN GRANDE

Harold Iglesias Manresa
Cubasí

Ambiciones, con apenas 23 años, posee de sobra Cisneros de 1.82 metros y 74 kilogramos de peso, quien no dudó en calificar al chino Chiu como un complemento ideal tras siete años en la armada elite.
Desde el sábado su pequeña Dayanira no dejaba de asediarlo, papi, papi. Un rival mucho más peligroso que los estadounidenses Kerron Clement, Bershawn Jackson, el boricua Javer Culson, los sudafricanos L.J Van Zyl y Cornell Fredericks y el trinitario Jehue Gordon, por solo mencionar algunos. Pero en final de fotofinish, con un beso y una chambelona multicolor el vallista Omar Cisneros salió airoso en otra de tantas carreras paternales.
Luego al día siguiente enfrentó dos series, una idéntica con la presencia de su hija, esposa, padre (quien lo inició en el deporte a los 11 años en Nuevitas), y suegra, además de sus coequiperos y público congregado en el Estadio Panamericano para captar el epílogo de la Copa Cuba. Expectativas de sobra, ingrediente adicional para intentar imponerse en su primera carrera oficial de 400 metros con vallas en la actual temporada.
Y lo hizo, a pesar de que su registro de 50.07 solo le bastó para ubicarse séptimo en el incipiente ranking de temporada, en el cual no descuella ningún registro, siquiera el 49.15 del jamaicano Roxroy Cato. Pero ojo, hay que seguirlo de cerca, al igual que a los norteamericanos, el trinitario Gordon y el resto de sus contrarios de la elite.
Consiguió el éxito sobreponiéndose a una molestia insistente en el bíceps femoral derecho. De ahí que al término de su carrera sentenció:
“Desde que salí busqué una carrera rítmica, y no de potencia, para que no se agudizara el dolor, la estrategia fue utilizar 13 pasos hasta la quinta valla, luego 14 de ahí a la octava, y 15 en la novena y décima. Teníamos proyectado mi entrenador Ricardo Molina Chiu y yo un registro entre 49.5-50 segundos para este debut. Y estuvimos a tono, ahora a ir buscando progresión a medida que compita.”
En ese sentido mentor y el vallista agramontino de 23 años buscarán carburar en el circuito Grand Prix del Caribe: Guadalupe, Jamaica, Martinica y Ponce, Puerto Rico, para luego insertarse en la IV Liga de Diamante y llegar lo más cercano posible a la forma óptima al Mundial de Moscú, (entre el 10 y el 18 de agosto).
“Se que necesitaré rondar los 47.60-47.80 para acceder a una medalla en Rusia, no es una marca imposible, incluso con cronometraje manual he realizado tiempos mejores sobre 47.5”, ahondó el vallista natural de Nuevitas y captado al equipo nacional por la vuelta al óvalo lisa, incluso el pasado año detuvo los relojes en 45.47 en el mitin italiano de Papua, algo que reafirma el porqué corrió esa distancia en los XV Juegos Panamericanos de Río de Janeiro con 17 años y su condición de miembro de la posta larga antillana desde entonces a la fecha.

¿Modificaciones en la técnica de cara a Moscú?
“Cambios no, intensidad en el trabajo sí. Tenemos nuestro circuito habitual próximo al Camilo Cienfuegos. Son tramos de 500 metros ahí profundizamos en cuestiones de capacidad láctica y aerobia. La técnica se trabaja acá en la pista y se complementa ese quehacer con el gimnasio y la función de los médicos y fisioterapeutas.
En lo personal he retomado mi peso habitual de entrenamiento (74 kg), mantengo la fuerza en los 200 metros finales como principal arma y extenderé los 13 pasos entre obstáculos hasta el octavo, y luego noveno y décimo con 14”, profundizó el corredor que tiene la pierna izquierda como la de ataque.
Ambiciones, con apenas 23 años, posee de sobra Cisneros de 1.82 metros y 74 kilogramos de peso, quien no dudó en calificar al chino Chiu como un complemento ideal tras siete años en la armada elite.
Su estela apenas comienza a tejerse. A mí me sacó poco más de un metro, lo vi correr mucho más suelto, como si los rivales no importaran, y su ritmo de carrera, —elemento que debe controlar mejor— fuera perfecto. Él digno de los carriles centrales, avalado por ese 47.99 de Guadalajara 2011 y el 48.23 de Londres. Esta vez ya ni el destino, ni los carriles de los extremos, ni un sorteo hostil le impedirán coronar su sueño.
Esa presea universal tan anhelada, esa que al llegar a casa, de seguro le colgará al cuello a su Dayanira, como él mismo confiesa nacida para bailar, y no precisamente sobre vallas.