viernes, 15 de agosto de 2014

DINIZ DESTROZA EL RÉCORD MUNDIAL DE LOS 50 KM. MARCHA EN ZÜRICH


EL PAÍS.com

Un marchador nunca abandona, vomite, se vaya por la pata abajo o se le queden las piernas de palo. Cuando termines de vomitar, sigue marchando, es la primera lección que reciben los chavales que se acercan a la especialidad. Y esta ley, más de marines de chaqueta metálica que de atletas aparentemente la llevan grabada en sus genes quienes se dedican a la ingrata marcha. La tienen tan asumida que ni siquiera a los 44 años bien cumplidos y dos caderas operadas uno como Chuso García Bragado es capaz de abandonar, no una carrera, como los 50 kilómetros de esta mañana lluviosa, fría, cálida, soleada, ventosa y lluviosa (cinco estaciones en menos de cuatro horas recorrieron el centro de Zúrich), en la que acabó octavo 20 años después de su primera participación en un Europeo, una competición en la que nunca ha dejado de ser finalista excepto cuando le descalificaron en 1998 (terminó cuarto en el 94, y luego tercero en 2002, segundo en 2006 y quinto en 2010), y 21 años más tarde de su gran oro Mundial. García Bragado no abandona la marcha ni aunque le peguen un tiro, como tampoco la puede abandonar el ganador del día, un larguirucho francés de 36 años, hijo de emigrantes portugueses en Reims, donde el champagne y donde Mekhissi, llamado Yohann Diniz, quien, sin dejar de marchar, y muy deprisa entre las vías del tranvía (y en un circuito tan incómodo batió el récord del mundo, dejándolo en unas increíbles 3h 32m 33s, casi a 15 kilómetros por hora de media), se fue dos veces por la pata abajo, y ganó con tanta suficiencia (casi cuatro minutos le sacó al segundo, el eslovaco Matej Tóth) que hasta se paró unos segundos nervioso ante el avituallamiento en el último paso porque allí no encontraban lo que él quería llevar en la mano, una bandera portuguesa que unir a la francesa que ya portaba, homenaje a su segunda patria (Diniz, en efecto, posee la doble nacionalidad).
Ganó así, plurinacional, sucio y feliz, Diniz su tercer oro europeo consecutivo, derrotando al maléfico imperio ruso, encarnado en Noskov (bronce) y Ryzhov (cuarto) con el que jugó de tú a tú desde los primeros pasos. Y simbólicamente también, el récord del mundo de Diniz, a quien le gustan la lluvia y los tranvías (así ganó su primer Europeo en 2006 en Gotemburgo), borra de la lista a otro de los grandes sospechosos rusos de la última década, Denis Nizhegorodov.
El otro español participante, el leonés Francisco Arcilla, terminó 21º.