viernes, 15 de agosto de 2014

HUMILLACIÓN EN LA RÍA



CARLOS ARRIBAS
EL PAÍS.com

Pablo Torrijos lucha contra un inicio de catarro, la nariz colorada, la capucha del chándal hasta los ojos entre salto y salto, mientras unos 100 metros más allá, al otro lado del estadio, en la última recta de los 3.000 metros obstáculos, el francés Mekhissi, en un gesto insólito, se quita la camiseta, salta con ella de la mano el último obstáculo, aquel que tanto le duele aún a Víctor García, y entra fanfarrón, soberbiamente sobrado, el primero, tan superior. Era el gran favorito. A nadie sorprendió la victoria del mejor obstaculista europeo de la historia, y menos que a nadie a los dos españoles, Ángel Mullera y Sebastián Martos, que lucharon hasta la última ría por las medallas con un polaco, Krystian Zalewski, y otro francés, el rubito Yoann Kowal, que llega del 1.500m y tiene un final impresionante, y terminaron, respectivamente, cuarto y quinto.
Y estaban pese a todo tan contentos que pese a todas las historias pasadas -Martos debió de irse de Londres por la repesca de Mullera, inicialmente sancionado por el asunto de unos emails en los que pedía información sobre productos dopantes-, hasta se abrazaron, a instancias del catalán, en la zona mixta, unidos por el sudor y la indignación. "Lo de Londres me hizo más fuerte", dijo Martos, que es de Huelma (Jaén), pero se ha subido a entrenarse a León, fría y húmeda, atraído por el buen ambiente que se respira en el grupo de José Enrique Villacorta, en el que también está Roberto Alaiz, caraniño, que correrá los 5.000m, y que se hacen llamar La Ovejas Asesinas cuando salen de conquista. Pero anoche, noche fría de verdad, fue oveja asesinada, por el instinto de Mekhissi y por lo que Martos calificó de "falta de respeto".
La federación europea de atletismo, más que falta de respeto lo consideró conducta antirreglamentaria y a petición de la delegación española, que reclamó porque el dorsal de un atleta debe ser visible en todo momento, lo que no fue el caso, aplicó el artículo 143.1 y 143.7 del reglamento ("los atletas deben competir con su uniforme nacional" y "el dorsal debe ser siempre visible", dicen) y descalificó al francés de la que habría sido su tercer oro europeo consecutivo. La primera reclamación española había sido rechazada por el juez árbitro de la prueba quien junto al nombre del estelar Mekhissi estampó una tarjeta amarilla y el número del artículo del reglamento infringido (125.5).
"Me he sentido humillado. Si hago yo eso en un campeonato de Cataluña, donde podría hacerlo porque puedo ganar fácil, me descalificarían, seguro", dijo Mullera, quien peleó hasta el final por la medalla. "Mekhissi es un buen chico y le he saludado y animado en la cámara de llamadas", dijo Martos. "El problema es que a veces se le cruzan los cables, como cuando se pegó con su compatriota Baala después de un 1.500 en el mitin de Mónaco o como cuando se pegó hasta con la mascota de los Europeos de Helsinki". "No sería una bonita forma de ganar una medalla", añadía Mullera, quien corrió más conservador, guardando fuerzas para la última vuelta, que con la descalificación del francés, el único europeo que ha rozado la barrera de los 8m (8m 0,09s es su récord europeo), el único que resiste a los kenianos, acabó subiendo al podio.

La descalificación, aparte de suponer la tercera medalla en tres días para el atletismo español, no impedirá que vuelva a sonar La Marsellesa en el Letzigrund, pues el título pasa a Kowal, quien superó en la última recta a Zulewski por lo que en un principio era solo la plata. A Mekhissi se le espera el viernes, pues está inscrito en el 1.500m.
"Que lo descalifiquen. El atletismo es un deporte de juego limpio y la falta de respeto a los 14 rivales no lo es", había dicho antes Martos, quien hizo una carrera muy valiente, entre los primeros hasta que no pudo más en un final demasiado explosivo.
Calentado quizás por el final de los 3.000m obstáculos, Torrijos, en su primera final, y pese a sus 22 años y el frío, hizo del tercero su mejor salto (16,56m), con lo que pasó a la mejora como octavo. Tenía el larguirucho de Castellón antes de comenzar un triple desafío, como los botes de su especialidad: pasar de los 17 metros, batir el récord de España y el diploma. El último ya lo había logrado. Para los dos primeros necesitaba trepar ante viejas glorias como su admirado Donato, el portugués Evora y el rumano Oprea, que arrastraban su clase detrás del inalcanzable francés Compaoré, amigo de Tamgho, al que tanto se echa de menos, de quien heredó el entrenador y quien con su primer salto magnífico de 17,46m dejó claro quién mandaba. Aunque demostró que sabe competir y superó el embotamiento y los nervios iniciales, no volvió Torrijos a superar los 16,56m.Principio del formulario