miércoles, 14 de agosto de 2013

EUSEBIO CÁCERES, UN SALTO Y A LA FINAL


AMAYA IRÍBAR
El País.com

Eusebio Cáceres lo ha dicho todo con una sonrisa casi tan amplia como su salto. El primero. El definitivo. Eran las 10.30 de la mañana, una hora que no suele gustar a los saltadores, pero brillaba el sol después de la lluvia y no había ni pizca de viento y el alicantino se ha ido hasta los 8,25 m, suficiente para asegurarse estar en la lucha por las medallas de longitud el viernes. Luego ha sabido que ha sido el mejor del día.
“Nunca había saltado tanto tan pronto, pero las sensaciones han sido buenas desde el principio. Estaba muy nervioso, que es como a mí me gusta saltar”, ha dicho luego, eufórico y antes de lo previsto porque, como los niños aplicados que acaban antes que los demás el examen, el alicantino ha podido dejar el Luzniki mientras la mayoría de sus rivales seguían en la brega. Pero el salto ha sido tan bueno, tan bello, que ya en el aire se veía y hasta el saltador se ha dado cuenta de que todo iba muy bien: “Me he sentido muy amplio y además he conseguido caer bien, así que ya lo sabía”. Por eso se ha girado y ha sonreído, como los niños buenos, a su entrenador, Jesús Gil, que nunca antes había viajado con él a una gran competición.
Cáceres, la esperanza más clara del equipo antes incluso de volar a Moscú, no las tenía todas consigo porque había dormido mal, víctima de un pequeño catarro que espera no vaya a más. Y aunque es joven (21 años) y llega en un excelente estado de forma –ha saltado tres veces por encima de los 8 metros que señalan a los buenos este verano-, habla como un veterano y ya sabe que de medallas no se habla. “Nada, nada. Lo que quería es entrar en la final, tener la oportunidad”, ha dicho diplomático, “pero la final es otro día [el viernes], otro momento y puede pasar de todo”.Allí se encontrará con el ruso Menkov (8,11 m), el gran aspirante. Y con el estadounidense Dwight Phillips, que ha dicho desafiante que viene a Moscú a por su quinto mundial, lo que le convertiría en el saltador con más títulos de la historia, pero que lleva dos años fastidiado por el tendón de Aquiles y ha aunque ha mostrado su mejor versión de la temporada (7,95 m) parece lejos del que fue.
Cáceres puede, tal vez debe, ser conservador y no hablar de medallas, y de paso se quita algo de presión, pero la euforia es libre y el equipo español la necesita. Aunque el bronce de Miguel Ángel López el domingo en los 20 km marcha da algo de tranquilidad a sus responsables porque iguala el medallero de Daegu 2011, los resultados en Moscú son modestos. Deprimentes, incluso, en el caso del 1.500, la prueba de pista con más pedigrí, que por primera vez en la historia de los Mundiales no ha logrado ningún finalista. Si el martes Natalia Rodríguez, el bronce hace dos años, fallaba en semifinales, David Bustos no ha logrado a la mañana siguiente ni siquiera superar la primera ronda.

Justo en el momento en que llegaba Cáceres, el feliz, para hablar con los periodistas se ha encontrado con Bustos, otra joven promesa, solo un año mayor que el alicantino. “¿Qué tal te ha ido?”, le ha dicho sonriente, aún en la nube de su salto. “Fatal”, ha contestado el mallorquín.
Bustos corrió bien, tranquilo, hasta la última curva donde, primero un tropiezo y luego otro con dos rivales le ha hecho perder comba. “A falta de 200 m me veía bien, pero el primer toque me ha hecho gastar muchas fuerzas y ya no he podido”, ha explicado. Aunque la historia está ahí para señalarle, Bustos se defiende desde la juventud del peso del 1.500 español: “Aquí ha habido un par de bajas importantes [Olmedo está lesionado, Casado en recuperación] que son los que tienen que estar ahí. A mí aún me falta algo de experiencia”.
La felicidad de Cáceres y la desilusión de Bustos, y de su entrenador que le acompaña a todas las competiciones pagándolo de su cuenta, y de toda su familia (salvo su novia todos están en Moscú), ha eclipsado la otra buena noticia de la mañana. Dolores Checa, madre de dos, se clasificó para la semifinal del 5.000.