sábado, 10 de agosto de 2013

MIREIA HACE CUMBRE EN BERLÍN

DIEGO TORRES
El País.com

La española Mireia Belmonte batió el récord mundial de 800 metros libres en piscina corta, ayer en la primera prueba de la sesión de tarde de la Copa del Mundo de Natación que se celebra en Berlín. Fue un despliegue soberbio, una exhibición de osadía, extraña por la decisión con que se lanzó a por el récord desde los primeros largos, contra su costumbre de dosificarse hasta el paso de 400. Esta vez guardó poca energía para el regreso y aceleró al pasar por el meridiano de la carrera. Sus parciales lo dicen todo: 29,65 segundos entre los 400 y los 450 metros; 29,94s entre los 450 y los 500; 29,86s entre los 500 y los 550... Un sprint tras otro hasta el último toque, casi dos segundos por debajo de la plusmarca mundial que había establecido la francesa Camille Muffat hace un año. Sus 7m59,34s hablan de un hito. La primera vez que una mujer baja de ocho minutos.
Los Mundiales de Natación de Barcelona pusieron de manifiesto que para el cuadro femenino hay distancias en ebullición. Los 800 metros de nado libre son una de esas pruebas en las que converge un grupo de chicas en estado de gracia. Algunas de ellas tienen oportunidad de aprovechar su pico de forma en la Copa del Mundo de la FINA, el circuito de piscina corta (25 metros) que se prolongará hasta el invierno con citas en Eindhoven, Berlín, Moscú, Dubai, Doha, Singapur, Tokio y Pekín. La piscina corta no es un concepto olímpico, predominan los expertos en virajes y en nado subacuático, pero sirve a modo de indicio. Para establecer un récord en piscina corta hace falta tener madera de gran nadador de larga. La FINA ha premiado a Belmonte con 10.000 dólares por batir la marca.
El jueves en Eindhoven fue la primera competición. A falta de la estadounidense Katie Ledecky, la plusmarquista mundial en piscina larga, que regresó a su país después de los Mundiales, estaban las tres mejores fondistas del planeta en estos días. La neozelandesa Boyle, la danesa Lotte Friis, y Mireia Belmonte.
Los 800 de los Mundiales fueron la mayor decepción de Mireia, incapaz de defender su plata olímpica. Friis fue plata y Boyle bronce, mientras que la española quedó sexta, fuera del podio, desgastada por la fatiga acumulada por un calendario exigente, y quizá desmoralizada ante el ritmo intimidante que impuso Ledecky.
Eindhoven fue el comienzo de la revancha. El jueves, Lauren Boyle hizo 8m01,22s y se quedó a 16 centésimas del récord del mundo, seguida casi simultáneamente por Mireia Belmonte, que tocó el último muro en segundo lugar, 21 centésimas después. Mireia recortó su mejor tiempo personal en esta modalidad en diez segundos y nadó la segunda parte de la distancia en 3m59,03s. La marca de Muffat (8m01,06s) se vio seriamente amenazada. Fue una carrera vertiginosa. Anticipó lo que sucedería en Berlín.
Boyle volvió a atacar el récord en Berlín. Pasó por los 200 en 1m59,21s, por debajo del parcial de Muffat. Rezagada Friis, que dio síntomas de cansancio después de dos semanas de tralla, Mireia pasó como una lancha con motor fuera de borda en 1m59,38s. Pegada a Boyle. Vigilándola de cerca y lanzada como nunca. Debió sentirse fuerte, con reservas para emprender un viaje hacia lo desconocido. Que llevara dos semanas nadando al máximo nivel, y que fuera capaz de hacer lo que hizo, habla de un organismo con una capacidad prodigiosa para recuperarse del esfuerzo. Probablemente, en Berlín la chica de Badalona alcanzó el pico de forma del año. A sus 23 años, después de muchas temporadas midiéndose con mucho cuidado en el 800, dio la sensación de sentirse cómoda. En su terreno.
El jueves Mireia pasó por el 400 en 4m02,38s. En Berlín tocó el muro intermedio en 3m59,80s. Un abismo más allá de los umbrales que ella había manejado. El esfuerzo, lejos de pasarle factura, le dio impulso. Dejó a Boyle un par de cuerpos atrás y nadó a ritmo de récord. Hacia una marca tremenda.