
Pese a los problemas que comporta al tratarse de un país dividido en dos mitades, con la consiguiente lucha por capitalizar unos Juegos que convienen, propagandísticamente hablando, a ambos gobiernos, estos Juegos de Seúl, correspondientes a la XXIV Olimpiada, resultan ser, después de difíciles y arduas conversaciones, llevadas a buen término gracias al buen “savoir faire” del Presidente del CIO, el español Juan-Antonio Samaranch, los Juegos de la reconciliación, a pesar de que algún país, Cuba entre los más destacados, todavía mantiene su oposición, y acaba por abstenerse en su participación.
Los dos grandes bloques políticos, por su lado, parecen haber aceptado, finalmente, el orden establecido, y se disponen de nuevo a dirimir sus diferencias de concepción del deporte en el marco de estos Juegos Olímpicos. Una ceremonia de inauguración monumental, y adecuada a la ancestral cultura de la península asiática, inicia unos Juegos que, contando con la participación de 160 Comités Olímpicos, y casi diez mil deportistas, dejan entrever un magnífico éxito deportivo, como así será.
Como siempre, las pruebas de natación son esperadas con un gran interés. Un hombre, el norteamericano Matt Biondi, ha lanzado el reto de igualar la gesta de su compatriota Mark Spitz en Munich, dieciséis años antes, intentando ganar siete medallas de oro, en las pruebas de 50, 100 y 200m.crol, 100m.mariposa, y los tres relevos. Inmediatamente se inician las especulaciones sobre sí, de ganarlas, su gesta será, o no, superior a la de Spitz. Discusiones bizantinas, naturalmente, ya que es completamente imposible poder comparar dos nadadores separados por dieciséis años de distancia, con todo lo qué significa este lapso de tiempo en natación, un deporte que avanza a paso de gigante.
La FINA ha logrado introducir un nuevo cambio en el programa olímpico, ya que se nadarán, finalmente, los 50m.crol, tanto en categoría masculina como en la femenina. El progreso del cronometraje electrónico lo ha hecho posible, tanto más cuando la máxima organización de la natación mundial ya hace un tiempo que se ha decidido a declararla oficial, disputándose ya en los Mundiales de Madrid-86, y en los Europeos de Strasbourg-87 por primera vez; igualmente que, si desde 1980 reconocía los tiempo de esta prueba como a “mejores tiempo mundiales”, el 1 de Enero de 1987 institucionaliza esta prueba, pasando a homologar oficialmente sus récords.
78 países mandan sus representantes a la piscina coreana (72 en categoría masculina, 52 en la femenina) superando largamente los 66 de Los Ángeles, 4 de los cuales lo hacen por primera vez: Bangladesh, Isla de Guam, Senegal, y los Emiratos Árabes Unidos.
50m.crol: récord mundial del norteamericano Tom Jager, 22”23, el 25 de Marzo del mismo año olímpico, en Orlando; no hay récord olímpico al ser la primera vez que se nada esta prueba en unos Juegos. Eliminatorias y final el 24 de Septiembre. 69 participantes repartidos en 9 eliminatorias. El favoritismo se divide a partes iguales entre los dos representantes norteamericanos, Tom Jager, y Matt Biondi. Mientras el primero se lo juega todo a una sola carta (aunque también nadará los 4x100m.crol) Biondi, pese a que ya se ha despedido de su sueño de igualar la gesta de Mark Spitz (después de haber sido derrotado en los 200m.crol y 100m. mariposa) ya tiene en su poder tres medallas de oro.
Al ser una prueba añadida al programa en estos Juegos, el récord olímpico impuesto por el representante de las Bahamas, Garvin Ferguson, 24”25 en la 1a.eliminatoria, es superado sucesivamente por el canadiense Mark Andrews, 23”44 en la 4a.; por el suizo Dano Halsall, 22”81 en la 7a., y finalmente, por Biondi, 22”39 en la 9a. y última. Digamos que falta a estas eliminatorias un recordista mundial, en la persona del sudafricano Peter Williams, que el 10 de Abril de aquel mismo año había superado el récord mundial de Jager, con unos 22”18, logrados en Indianápolis, pero que la FINA no había homologado al estar suspendida de “militancia” la Federación Sudafricana, castigada por su política de “apartheid”.
La final, como ya se esperaba, se desarrolla en un nivel de extrema igualdad entre ambos favoritos, después de que el soviético Prigoda, otro de los favoritos, no lograse en la salida los centímetros de ventaja que podían hacerle peligroso. En el último cuarto de la prueba, un Biondi pletórico de fuerza y de moral acaba imponiéndose a su compatriota con más facilidad de la prevista, señalando, para remachar su superioridad, un nuevo récord mundial y, naturalmente, olímpico, 22”14, dejando la plata a un desconsolado Jager, 22”36, mientras Prigoda se adjudica el bronce, 22”71, resistiendo el último esfuerzo de los dos suizos, Halsall 22”83, Volery 22”84, cuarto y quinto, y de su compatriota Tkachenko, sexto en 22”88.
100m.crol: récord mundial del norteamericano Matt Biondi, 48”42, el 10 de Agosto del mismo año olímpico, en Austin; récord olímpico del norteamericano “Rowdy” Gaines con los 49”80 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias y final el 22 de Septiembre. 70 participantes repartidos en 9 eliminatorias. Retirado ya de la natación, no defiende su título de Los Angeles el norteamericano “Rowdy” Gaines.
Si algún favorito había en esta prueba, que continúa siendo la “prueba reina” de la natación pese a la inclusión de los 50m., demasiado cortos para ser “degustados”, era, sin duda, Matt Biondi; recordista y campeón mundial, en Madrid-86, único en bajar los 49”, y con los diez mejores tiempo mundiales del hectómetro en su poder, parece no tener rival, a pesar de que su único problema parece ser de cariz más bien anímico, para ver hasta que punto había “digerido” sus anteriores derrotas en los 200m.crol y 100m.mariposa.
Rápidamente las eliminatorias ya dejan entrever que el norteamericano está decidido a no fallar en “su” prueba, superando, en la 9a. eliminatoria, con unos excelentes 49”04 el récord olímpico, que su compatriota Chris Jacobs había establecido en 49”20 dos eliminatorias antes, mientras el francés Caron, 49”37, completa el trío que baja los cincuenta segundos en estas eliminatorias. Digamos que Chris Jacobs es un veterano de 24 años que ha encontrado en la natación una forma de salirse del infierno de la droga.
En la final, Biondi demuestra rápidamente sus aspiraciones. Con su característico estilo, potente y fluido a la vez, se destaca rápidamente, y ya es primero en el viraje, 23”21, por debajo del parcial de su récord, y por delante del consecuente Prigoda, 23”46, y de su compatriota Jacobs, 23”76, mientras Caron solo es quinto, 23”97. Con todo y flaquear en los últimos metros, Biondi no tiene ningún problema para ganar su primera medalla de oro, 48”63, nuevo récord olímpico, por delante de Chris Jacobs, que merced a un excelente segundo largo, no tiene tampoco problemas para ganar la medalla de plata, 49”08, segundo mejor tiempo mundial de siempre, mientras el francés consigue remontar e imponerse en los últimos metros a Prigoda, 49”62 por 49”75, logrando el bronce, aunque sin acercarse a su tiempo de las eliminatorias. No dejemos todavía esta prueba sin comentar el séptimo lugar del sueco Per Johansson, que nada en Seúl su tercera final olímpica de 100m. (un hecho únicamente igualado por el mítico “Duke” Kahanamoku en 1912-1920 y 1924. Medalla de bronce en Moscú y en Los Ángeles, siempre entre los mejores velocistas mundiales, pero, sin embargo, sobretodo, siempre a punto en las grandes ocasiones, en las que ha sido un formidable competidor, extremadamente peligroso para sus rivales.
200m.crol: récord mundial y olímpico de Michael Gross (RFA) con los 1,47”44 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias el 18 de Septiembre, final el 19. 63 participantes repartidos en 8 eliminatorias. Una de las pruebas más esperadas de los Juegos, por el enfrentamiento entre Biondi, el aspirante a siete medallas doradas, y Gross, recordista y campeón olímpico, que aspira a defender su título, y conseguir, a la vez, el título no oficial de mejor nadador de los Juegos, pese a que únicamente intenta el triunfo en tres pruebas individuales.
Las eliminatorias ya dejan entrever el gran nivel técnico de la prueba, con once nadadores por debajo de los 1,49”69 con los que Fahrner había logrado el bronce olímpico cuatro años antes. Ausencia notable en la final es la del italiano Giorgio Lamberti, sub-campeón europeo en 1987, que no ha podido pasar de las eliminatorias, decimosegundo en 1,50”47. Por primera vez en los Juegos, los ocho finalistas han bajado del 1,50” en las eliminatorias.
La final, después de una salida falsa de Gross (hecho que repetirá en todas sus pruebas, mostrándose muy nervioso) se inicia con una escapada de Biondi, 24”98 en el primer viraje, aunque es el sueco Anders Holmertz, 52”21, por 52”25 del norteamericano, quien es primero a mitad de carrera, ambos claramente por debajo del parcial del récord mundial, 53”14.
Uno de los favoritos parece, pues, en disposición de ganar, mientras Gross se atrasa, girando en sexto lugar, 53”36, y, aún peor, con un estilo lento y pesado. Mientras Biondi y el inesperado sueco (octavo y último clasificado de las eliminatorias, 1,49”28) mantienen su duelo particular, con una corta ventaja del primero, 1,19”62 por 1,20”03 en el último viraje, el australiano Duncan Armstrong (llegado a los Juegos con unos discretos 1,51”38, que ya ha bajado hasta 1,48”86 en las eliminatorias) ha iniciado su remontada, después de pasar en 25”46 y 53”02 en tercer lugar; con 1,20”05 ya tiene a Holmertz a su alcance, aunque parece lejos de Biondi.
Esprintando desesperadamente, 27”20 en el último largo) Armstrong alcanza primero al sueco, terminando por imponerse en unos últimos metros llenos de potencia y decisión a un Biondi que parece pagar la excesiva velocidad de los primeros metros (28”37 en los últimos 50m.). El australiano es primero con un tiempo de 1,47”25, nuevo récord mundial y olímpico, por delante de Holmertz, 1,47”89, que ha aprovechado en los cinco últimos metros el desfondamiento de Biondi, enviándolo al tercer lugar, 1,47”89 por 1,47”99, mientras Wojdat es cuarto, 1,48”40, y Gross solo quinto, 1,48”59, que lo ha perdido todo (lease récord y título) en esta final, y Fahrner en octavo y último lugar, 1,49”19 pese a haber mejorado en más de medio segundo el tiempo que le proporcionó la medalla de bronce en Los Ángeles, en lo que se puede ver un signo más del incontenible avance de la natación mundial, en la que para continuar entre los mejores no hay suficiente en mejorar centésimas, sino que hay que hacerlo casi en segundos.....y cuantos más mejor. Por primera vez en los Juegos, todos los finalistas bajan claramente de los 1,50”, confirmando sus tiempo de las eliminatorias.
Armstrong, una de las grandes sorpresas de estos Juegos, habituales aunque no por ello menos sorprendentes, reedita con su victoria los triunfos ya lejanos de Mike Wenden (uno de sus primeros entrenadores, curiosamente) conseguida en esta misma prueba en los Juegos de 1968, prestigiando, al mismo tiempo, una natación que sin haber tenido nunca una extrema densidad de practicantes, ha estado siempre entre las mejores del mundo. Su carrera, casi perfecta de ritmo, 53”02 y 54”23 en ambas mitades, ha sido premiada con el oro olímpico, al mismo tiempo que ha desvanecido desde el primer día el sueño de Biondi de igualar la gesta de Spitz.
400m.crol: récord mundial del polaco Arthur Wojdat, 3,47”38, el 25 de Marzo del mismo año olímpico, en Orlando; récord olímpico del norteamericano George DiCarlo con los 3,51”23 de la final de Los Ángeles (o bien, si se admiten, los 3,50”91 del alemán de la RFA Thomas Fahrner, en la final B de Los Ángeles). Eliminatorias y final el 23 de Septiembre. 49 participantes repartidos en 7 eliminatorias. No defiende su título de Los Angeles el vigente campeón, el norteamericano George DiCarlo.
A pesar de su reciente récord mundial, se espera que el polaco Wojdat encuentre fuerte oposición en una prueba que se presenta muy abierta, con más de un nadador optando a la victoria. En la 5a. eliminatoria, otro polaco, Mariusz Podkoscielny, supera el récord olímpico con un tiempo de 3,49”41, y, juntamente con el alemán de la RFA Pfeiffer, Wojdat, y el alemán de la DDR, Uwe Dassler, son los únicos que bajan los 3,50”, consolidando su favoritismo, mientras Armstrong, por una vez, no calcula bien su carrera, y está a punto de ser eliminado, séptimo en 3,50”64, igual que el norteamericano Matt Cettlinski, octavo y último, 3,50”82, a solo 27 centésimas del australiano Ian Brown, primer eliminado de la final.
La final se inicia con un duelo entre Holmertz y Cettlinski que, fieles a su costumbre, imponen el ritmo de carrera desde los primeros metros con parciales ligeramente por debajo del récord mundial, 54”48 y 1,52”32 del sueco, con el norteamericano a pocas centésimas, por 1,53”34 de Wojdat, en su mundial. A partir de este momento, es el norteamericano quien parece marcharse, cogiendo unos valiosos centímetros de ventaja en los 300m., 2,50”46, por 2,51”06 de Wojdat, que ha reaccionado rápidamente; 2,51”08 de Holmertz, y 2,51”40 de Dassler, cuarto.
En el último largo de piscina, sin embargo, cambia completamente la decoración, cuando Dassler se descuelga con un extraordinario último hectómetro, 55”55, y toca el muro de llegada como ganador, con unos no menos extraordinarios 3,46”95, nuevo récord mundial y olímpico, por delante de Armstrong, que esta vez ha iniciado demasiado tarde su remontada, señalando, sin embargo, el mejor último hectómetro, 55”02, pese a lo cual acaba inclinándose por solo 20 centésimas, 3,47”15, dejando la medalla de bronce al ya ex-recordista mundial Wojdat, 3,47”34, aunque superando también su anterior récord. Cettlinski, claramente superado en los últimos metros, es cuarto, 3,48”09, mientras Holmertz, completamente hundido, 59”96 en el último hectómetro, es octavo y último, 3,51”04.
Perfecta la carrera de Dassler, 1,53”17 y 1,53”78 en ambas mitades, así como la de Armstrong, 1,55”10 y 1,52”05, aunque repartiendo mal su esfuerzo (octavo a mitad de carrera; todavía séptimo en los 300m.) lo cual puede haberle costado su segunda medalla de oro, claramente a su alcance. Dassler, por su lado, no era ningún desconocido, campeón europeo de los 400 y 1.500m. en 1985, aunque no contaba mucho en los pronósticos para el triunfo final.
1.500m.crol: récord mundial del soviético Vladimir Salnikov, 14,54”76, el 22 de Febrero de 1983, en Moscú; récord olímpico del mismo Salnikov con los 14,58”27 de la final de Moscú-80. Eliminatorias el 24 de Septiembre, final el 25. 35 participantes repartidos en 5 eliminatorias. No defiende su título de Los Ángeles el norteamericano Mike O’Brien.
Después de su discreta actuación en los Mundiales de Madrid-86 (cuarto de “su” prueba de 1.500m.) pero sobretodo, de los Europeos de Strasbourg-87, donde había sido eliminado de la final con unos más que discretos 15,28”, y de haber anunciado su retirada de la competición, pocos podían pensar que el retorno de Vladimir “Volodia” Salnikov a la piscina, fuera poco menos que un penoso “canto de cisne” de un hombre decidido a no aceptar que los años pasan, y que la decadencia es inevitable, mucho más en este mundo de la natación, cuando se pierden un mínimo de facultades. Sus tiempo de la temporada, por otro lado, no dejaban entrever que su forma fuera mucho mejor que la demostrada en años anteriores, e incluso había corrido la voz que había necesitado el visto bueno del Consejo de Deportes de la URSS para poder participar en estos Juegos, imponiéndose al parecer de la propia Federación de Natación, que opinaba que no estaba en condiciones de presentarse.
Pese a todo, ya en las eliminatorias, y nadando como siempre sin gorro ni el característico corte de cabello de casi todos los nadadores, el soviético da un toque de atención a sus rivales, con unos excelentes 15,07”83, segundo mejor tiempo, que hacía algunos años que no lograba, aunque las diferencias con sus principales rivales (Cettlinski, mejor tiempo, 15,07”41; Pfeiffer 15,07”85; Dassler 15,08”91, y Podkoscielny 15,11”19) no eran excesivas como para pensar que pudiera reeditar su título de 1980.
Había especulaciones sobre si los 28 años largos del soviético le permitirían recuperarse de manera suficiente para la final, enfrentado a rivales mucho más jóvenes, y, por lo tanto, con un mayor poder de recuperación. Si muchos de los presentes en la piscina coreana apostaban por los suyos, también es verdad que muchos de los que no tenían ningún interés directo en esta prueba, esperaban, e incluso deseaban, el triunfo de aquel soviético que en los últimos ocho años había dejado su huella en esta prueba de los quince hectómetros. Esta simpatía de Salnikov se hace patente cuando, al hacerse la presentación de los finalistas, una prolongada ovación acompañó el nombre de quien era aún recordista mundial y olímpico, y el único que había logrado, hasta aquel momento, nadar la distancia en menos de un cuarto de hora.
Desde los primeros metros de la final, y como ya había hecho en los 400m., Cettlinski coge el mando de la prueba a un ritmo de minuto y centésimas por cada hectómetro, seguido de Dassler, Pfeiffer, y Salnikov. 58”09; 1,58”83; 3,59”52; 4,59”63 en el primero tercio de la carrera, donde Salnikov, 5,00”14, es segundo; Dassler 5,00”84, tercero, y Pfeiffer, 5,01”11, cuarto, ya por delante del resto de finalistas. La misma situación se mantiene hasta los 700m., siempre con el norteamericano en cabeza, aunque ya es Salnikov quien gira primero en este momento, 7,00”60, con Cettlinski prácticamente a su lado, 7,00”86, mientras los alemanes (cada uno de un lado del “Telón de Acero”) Dassler, 7,02”43, y Pfeiffer, 7,02”46, parecen no poder resistir el ritmo impuesto por los dos primeros.
Es en este momento cuando Salnikov da un tirón, y empieza a nadar con parciales ligeramente por debajo del minuto en cada hectómetro. Cettlinski no puede resistirle, y empieza a perder contacto progresivamente. Salnikov gira a los 800m. en 8,00”67, y siempre con parciales por debajo del minuto, desencadena su esfuerzo hasta los 1.300m., 10,00”17 en el kilómetro, donde Pfeiffer avanza a Cettlinski que continúa perdiendo su ventaja; 11,59”42 en los 1.200m. para Salnikov, siempre con dos-tres segundos de ventaja sobre Pfeiffer, que intenta alcanzarlo. Entre los 800 y los 1.300m., el soviético ha nadado de manera soberbia en menos de cinco minutos, 4,58”75, continuando su imparable y bella escapada, poniendose incluso a pocas centésimas del parcial de su tiempo-récord.
Agotado, sin embargo, por su esfuerzo, prefiere vigilar el previsible retorno de Pfeiffer, asegurándose el triunfo, y acaba, incluso sin esprintar, en un tiempo de 15,00”40, el cuarto mejor tiempo mundial de siempre (las otras tres también en su poder, no es preciso decirlo) aunque sin superar ninguno de sus dos récords. Tras él, Pfeiffer no puede arañar ni una sola centésima de la ventaja del soviético, y acaba segundo en 15,02”69, mientras Uwe Dassler puede resistir el último intento de Cettlinski, logrando la medalla de bronce, 15,06”15, por 15,06”42, muy lejos del resto de finalistas, con Podkoscielny quinto en 15,14”76.
Salnikov recoge, todavía en el agua, la gran ovación que le dedican los ocho mil espectadores presentes, al mismo tiempo que la felicitación de todos los que eran sus rivales minutos antes, premiando de esta manera la carrera deportiva de uno de los nadadores más carismáticos de los últimos tiempo por su sencillez y modestia.
Comparable a la final de esta misma prueba en los Juegos de Munich-72, con el triunfo de Mike Burton, otro ilustre veterano, el triunfo de Salnikov señala, sin ninguna duda, el momento más álgido de la natación en estos Juegos, tanto por la belleza de su triunfo como por el cariz humano de un hombre que ha sido capaz de sobreponerse a las adversidades, para saborear de nuevo la miel del triunfo y la superación personal.
Después, en la rueda de prensa, Salnikov agradecerá a su esposa, una licenciada en Educación Física que se ha hecho cargo de su preparación, la ayuda que ha hecho posible su triunfo, dándole confianza en si mismo y en sus posibilidades, agradecimiento que hace extensivo al Consejo de Deportes de la URSS, que, como ya hemos dicho, le había otorgado su confianza. Corren también rumores sobre ciertas experiencias llevadas a cabo por técnicos soviéticos sobre las posibilidades de la máquina humana en pruebas de resistencia a edades en las que se aceptaba una drástica disminución de esta cualidad.
Evidentemente, esta victoria de Salnikov tira por el suelo algunos axiomas que hasta aquel momento parecían poco menos que inamovibles, como podía ser que las pruebas de fondo convenían más a los nadadores de menor edad que los dedicados a las pruebas de velocidad. Salnikov, sin embargo, se ha proclamado campeón de los 1.500m. a una edad, 28 años y cuatro meses (el campeón olímpico de los 1.500m. de más edad) a la que no llegan la mayoría de nadadores, casi con el doble de edad con la que, cincuenta y seis años antes, el japonés Kusuo Kitamura se había proclamado campeón olímpico de esta misma prueba, y únicamente se podía comparar, si acaso, con los 27 años del sueco Arne Borg, campeón en 1928, en Amstersdam, ó los 25 de Mike Burton, en 1972.
“A tal señor, tal honor”, Salnikov recibe la medalla de oro de las manos de otro “monstruo” del kilómetro y medio, el japonés Hironoshin Furuhashi, dominador del fondo mundial entre 1948 y 1952, sin lograr, sin embargo, el título olímpico, que ahora es Vice-Presidente de la FINA. Se hace difícil saber los recuerdos que pasarían por la cabeza del japonés mientras colgaba la medalla dorada del cuello del soviético.
4x100m.crol: récord mundial de un cuarteto USA, 3,17”08, el 17 de Agosto de 1985, en Tokio; récord olímpico de un cuarteto USA con los 3,19”03 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias y final el 23 de Septiembre. 22 cuartetos participantes repartidos en 3 eliminatorias. Prueba en la que nunca un cuarteto USA ha perdido una final (pues en Moscú, donde ellos no habían competido, esta prueba no se había disputado). El cuarteto USA no se deja sorprender y ya desde las eliminatorias señala el mejor tiempo, 3,19”52, muy cerca de su récord olímpico, con un equipo en el que, como ya es costumbre, los técnicos USA solo han incluido un titular.
Como alguna vez ha ocurrido, sin embargo, el triunfo de los favoritos no será fácil a la hora de ganarse el título. Mientras Chris Jacobs domina claramente a su rival soviético Gennadi Prigoda, 49”63 por 50”24 (aunque con el alemán de la DDR Dirk Richter en primer lugar, 49”25, y el francés Stephan Caron tercero en 49”97) los soviéticos se acercan a sus rivales cuando un magnífico Yuriy Baschkatov, 49”30, domina a Troy Dalbey, 49”75, dejando en 16 centésimas la ventaja USA, 1,39”38 por 1,39”54, mientras los alemanes de la DDR son terceros, 1,40”10.
Aún se acercan más los soviéticos en el tercer tramo, cuando Nikolái Evseev, 49”27, “araña” siete centésimas más a su correspondiente norteamericano, Tom Jager, 49”34, y es así como Matt Biondi se lanza al agua solo siete centésimas antes que Vladimir Tkachenko, 2,28”72 por 2,28”79, mientras, tras ellos, Francia es ahora tercera, 2,30”10, por delante de la DDR, 2,30”30, manteniendo su lucha particular por el podio. Biondi, en una excepcional actuación, se destaca inmediatamente de su rival, y acaba ganando fácilmente, señalando un parcial de 47”81 contra los 49”52 de su rival, con un tiempo final de 3,16”53, superando sus récords mundial y olímpico, mientras los soviéticos, 3,18”33, superan el récord europeo, y también el anterior olímpico.
Tras ellos, Stefan Zessner, último hombre de la DDR, 49”52, acaba superando al francés Bruno Gutzeit, 49”92, y puede lograr, en los últimos metros, la medalla de bronce, 3,19”82, por delante de Francia, cuarta en 3,20”02.
4x200m.crol: récord mundial de un cuarteto de la RFA, 7,13”10, el 19 de Agosto de 1987, en Strasbourg; récord olímpico de un cuarteto USA con los 7,15”69 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias 20 de Septiembre, final el 21. 16 cuartetos participantes repartidos en 2 eliminatorias. En la 1a.eliminatoria el cuarteto de la DDR señala un tiempo de 7,16”61, muy cerca del récord olímpico de los norteamericanos, mientras estos, con dos suplentes en su equipo, se limitan a clasificarse en segundo lugar, quitándose un rival peligroso de encima cuando los soviéticos, que nadan en la misma eliminatoria, son descalificados.
Dalbey lanza la final con un magnífico parcial de 52”50 en el hectómetro, aunque, lógicamente, no puede mantener su ritmo y en los metros finales es alcanzado por cuatro rivales, pasando a encabezar la prueba el sueco Anders Holmertz, 1,48”06, seguido de Dassler, de la DDR, 1,48”26; el australiano Thomas Stachewicz, 1,48”99, y el italiano Roberto Gleria, 1,49”23, con Dalbey quinto, 1,49”37.
Un perfecto recorrido del italiano Giorgio Lamberti, 1,47”29, deshaciendo la mala impresión de su actuación individual, permite ver la gran sorpresa del cuarteto italiano encabezando la prueba, 3,36”52 en el total, por delante de la DDR, 1,48”92 de Sven Lodziewski, y 3,37”18 en el total; Suecia, con Tommy Werner, 1,49”41, y 3,37”47; y la RFA, con Thomas Fahrner 1,47”75, y 3,37”66, mientras el cuarteto USA, de manera poco menos que sorprendente, solo es quinto, con Matt Cettlinski 1,48”44, y 3,37”81, por delante de Australia, 3,38”04, mientras Francia y Canadá parecen haber perdido, como así será, cualquiera posibilidad de salir de los lugares de cola.
Thomas Flemming, 1,48”07, pasa a la DDR al primer lugar al hacerse la entrega del último relevo, 5,25”25 en el total, por delante del cuarteto USA, que con los 1,48”26 de Doug Gjertsen, 5,26”07, ha remontado a tres de los cuartetos rivales, devolviendo a su equipo la esperanza de la victoria, mientras Italia, Marco Trevisan 1,49”66, y 5,26”18, parece mantenerse dentro de las posibilidades de subir al podio (aunque ya ha lanzado a la agua sus tres mejores hombres) por delante de la RFA, Henkel 1,49”42, y 5,27”08 en el total; y de Australia, Jason Plummer 1,49”95 y 5,27”99 en el total; y Suecia, por el contrario, con los discretos 1,50”57 de Michael Soderlund, desaparece de la lucha por las medallas.
La prueba parece decidida para el cuarteto USA, tanto más que su último hombre es Matt Biondi, aunque hay que pensar si se habrá recuperado suficientemente bien, física y anímicamente, de su derrota, minutos antes, en los 100m.mariposa, incluso tambien de la de los 200m.crol el día anterior, como para remontar las ocho décimas que le lleva de ventaja el alemán Stefen Zessner. Sin embargo, y como él mismo dirá en la posterior rueda de prensa, sus compañeros se han preocupado de hacerle entender que el pasado ya es historia, y que lo que interesa ahora mismo es esta prueba tan carismática de los 4x200m.
El norteamericano no falla. Con un extraordinario (y casi suicida) paso de 49”97 en el primer hectómetro, desarbola prácticamente a su rival, alcanzándolo antes del primer viraje, y aumentando poco a poca su ventaja en el resto de carrera, ya sin ningún problema para decidir el ganador. Con un parcial de 1,46”44, el mejor de los treinta-dos finalistas, y un tiempo final de 7,12”51, los norteamericanos señalan un nuevo récord mundial y olímpico, dejando el segundo lugar a los alemanes de la DDR, con unos no menos magníficos 7,13”68, después de los 1,48”43 de Zessner.
Otros alemanes, los de la RFA, son terceros, 7,14”35, a pesar de que el generoso esfuerzo de Gross, 1,47”27, por atrapar a sus rivales “congéneres del este” no tiene éxito. Australia es cuarta, 7,15”23, con otro buen parcial del campeón olímpico Armstrong, 1,47”24 (el segundo mejor tras el de Biondi) por delante de Italia, 7,16”00, que con los 1,49”82 de Valerio Giambalvo ha perdido cualquier posibilidad de acceder al podio que pudiera tener al iniciarse el último relevo.
100m.espalda: récord mundial del norteamericano David Berkoff, 54”91, el 12 de Agosto del mismo año olímpico, en Austin; récord olímpico del norteamericano John Naber con los 55”49 de la final de Montreal-76 (o, para quien lo admita, los 55”41 de su compatriota Rick Carey en el primer tramo de la final de los 4x100m.estilos de Los Ángeles). Eliminatorias y final el 24 de Septiembre. 52 participantes repartidos en 7 eliminatorias. Retirado ya de la natació, Rick Carey no defiende ninguno de sus dos títulos de Los Angeles.
Las pruebas de espalda de estos Juegos permiten contemplar una de las pocas novedades estilísticas de los últimos años; David Berkoff, un espaldista norteamericano que en los “triales” de su país se havia apoderado del récord mundial, haciendolo bajar por primera vez de los 55”, ya había hecho una brillante demostración en alguna de las reuniones invernales, y aunque se hace difícil saber si había sido él el primero en descubrirlo, si, por lo menos, había sido el primero que había logrado con él resultados de alto nivel.
Nos referimos al recorrido submarino de espalda, ejecutado únicamente con las piernas (los brazos quietos estirados por detrás, en prolongación del cuerpo) después de la salida y de los virajes, primero haciendo servir el movimiento de pies de espalda (para pasar años después, a un bastante más rápido movimiento de piernas de delfín). Algún intento se había visto en los Juegos de 1980, por parte del británico Gary Abrahams, aunque con mínima intensidad, y discretos resultados, que no ayudaron a su difusión. Lo qué Berkoff demostró en la capital coreana, nadando hasta 30 y 35 metros por debajo del agua, se demostró, y no solamente por su parte, como una de las armas más poderosas para el progreso del estilo de espalda.
Nadadores como Berkoff, Polianski ó Suzuki, y algunos otros, se mantenían por delante de sus rivales ejecutando recorridos de 25-30 metros por debajo del agua, mientras muchos de sus contrincantes nadaban en superficie, en el estilo que ya podríamos denominar como ”ortodoxo”.
Las eliminatorias ya dejaron entrever que el recordista mundial se encontraba en plena forma. En la 6a., Polianski se muestra, igualmente, dispuesto a hacer valer sus posibilidades (no es preciso olvidar que era el anterior recordista mundial con un tiempo de 55”00) al superar el récord olímpico con unos excelentes 55”04, y parece en disposición de poder “doblar” su triunfo de los 200m. conseguido dos días antes, reeditando las gestas de Matthes en 1968-1972; Naber en 1976, y Carey en 1984. Minutos después, en la 7a., David Berkoff, 30 metros de espectacular recorrido submarino, más 70 de potente y fluida espalda, dan como resultado un tiempo de 54”51, nuevo récord mundial y olímpico, respondiendo de forma harto contundente a su rival soviético.
La final, sin embargo, será completamente diferente. A pesar de que Berkoff falla su salida, quizás sorprendido por el ”starter”, propiciando que Polianski le coja unos centímetros de ventaja, los siguiente 30 metros submarinos del norteamericano vuelven a proporcionarle el mando de la prueba, llegando primero al viraje, 25”47, con un ligero retraso sobre su parcial de la mañana, 25”23, pero con medio segundo de ventaja sobre un sorprendente e inesperado japonés, Daichi Suzuki, 25”97, mientras el soviético es tercero, 26”06.
Pese a que entre los 50 y los 75 metros, Berkoff parece asegurarse el triunfo, paga su escapada en los últimos metros, cosa que parece aprovechar Polianski para atraparlo. En los últimos diez metros, sin embargo, unas impresionantes y rápidas brazadas de Suzuki acaban por otorgarle un inesperado y sorprendente triunfo, ofreciendo a su país una medalla de oro que no conseguían desde 1972, cuando Taguchi había ganado los 100m.braza en Munich. El flamear de las pequeñas banderolas japonesas en las gradas de la piscina de Seúl prestigiaban una natación que, lejos de sus triunfos de ya lejanos años, parecía ir decayendo lentamente, a pesar de ser capaz todavía de ofrecer victorias como esta de Suzuki, demostrando que continúa en condiciones de reavivar y postular, de nuevo, un lugar entre los mejores.
El tiempo del japonés, 55”05, no supera, ni mucho menos, los récords de Berkoff, mientras este ha de “conformarse” con la medalla de plata, 55”18, dos centésimas por delante de Polianski, 55”20, mientras su compatriota Zabolotnov, cuarto en 55”37, demuestra, una vez más, su alto nivel competitivo, siendo los únicos cuatro en bajar de los 56”.
200m.espalda: récord mundial del soviético Ígor Polianski, 1,58”14, el 3 de Marzo de 1985, en Erfurt; récord olímpico del norteamericano Rick Carey con los 1,58”99 de la 5a.eliminatoria de Los Ángeles. Eliminatorias y final el 22 de Septiembre. 44 participantes repartidos entre 6 eliminatorias. Continúa en pie el récord olímpico de Carey al término de unas eliminatorias muy igualadas, aunque de poco valor técnico, con los 2,01”27 del soviético Zabolotnov como mejor tiempo, los 2,02”26 del brasileño Rogerio Romero como a octavo clasificado, y, entre ambos, el soviético Polianski, cuarto en 2,01”79.
Haciendo honor a sus títulos, Polianski no va a dejarse sorprender. Pese al intento de escapada del neo-zelandés Kingsman, 26”74, por 27”14 del soviético en el primer viraje, este último toma rápidamente el mando de la prueba para no dejarlo hasta la llegada. 57”49 y 1,28”20, señalan los parciales de Polianski, con ventaja sobre Zabolotnov, siempre en segundo lugar, 57”53 y 1,28”97, intentando no separarse de él para poder superarlo en los últimos metros.
Resistiendo el último esfuerzo del alemán, de la DDR, Frank Baltrusch, que intenta disputarle el título, sin éxito, Polianski se proclama campeón olímpico con un tiempo de 1,59”37, lejos de los récords, por delante del alemán, 1,59”60, únicos que bajan de los dos minutos, mientras en los últimos metros, el inesperado neo-zelandés Paul Kingsman, que nada la mejor segunda parte de la prueba de los ocho finalistas, 1,01”00, puede imponerse a Zabolotnov, “robandole” la medalla de bronce por cuatro cortas centésimas, 2,00”48 por 2,00”52, en una final que decepciona ligeramente, al esperarse algo más que el triunfo del soviético.
100m.braza: récord mundial y olímpico del norteamericano Steve Lundquist con los 1,01”65 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias el 18 de Septiembre, final el 19. 61 participantes repartidos entre 8 eliminatorias. Retirado de la natación, no defiende su título el campeón de Los Angeles, Steve Lundquist.
Para el británico Adrian Moorhouse, la victoria olímpica, dejando de lado lo qué pueda representar para cualquiera atleta (oficialmente) “amateur”, la necesitaba para olvidar la decepción vivida durante el Mundial de Madrid, dos años antes, cuando después de ganar la final había sido descalificado por una patada irregular de delfín en el viraje, una falta bastante corriente entre los bracistas, en un estilo difícil, por no decir imposible, de codificar con toda seguridad. En Seul es el máximo favorito para el título, en una prueba con un nivel muy aceptable, con seis hombres por debajo de los 1,03”, con el británico en primer lugar, 1,02”19, a solo seis centésimas de su récord europeo, por delante de sus principales rivales, el canadiense Davis (campeón mundial en Madrid) el ruso Dmitri Volkov, el italiano Gianni Minervini, y la inesperada y sorprendente aparición del húngaro Karoly Guttler.
En la final, y después de que el soviético Volkov haya intentado su escapada, girando primero en el viraje, 28”12, excesivamente rápido para sus posibilidades, el húngaro Guttler ataca, pasando a la cabeza hasta los últimos quince metros, cuando el británico, muy inteligentemente, inicia su ataque final, completamente irresistible. Aunque por una corta centésima, 1,02”04, récord de Europa, por 1,02”05 de Guttler, Moorhouse recoge una bien merecida medalla de oro que premia al mejor “hectometrista” de los últimos años.
Tras ellos, Volkov puede salvar la medalla de bronce, 1,02”20, por delante del canadiense Davis que, al no poder nadar los 200m. por haber sido eliminado en los “triales” de su país, se ha concentrado totalmente en esta prueba, aunque una vez más haya sido traicionado por su relativa falta de velocidad (séptimo en el viraje, 29”44, aunque a solo dos centésimas de Moorhouse, el cual tiene, sin embargo, una reserva de velocidad mucho mayor que el canadiense). La final, aunque el ganador no se haya acercado a los récords, ha sido de un nivel bastante alto, con siete de los finalistas por debajo de los 1,03”.
Para el canadiense Davis, esta será su última competición. El 11 de Noviembre de 1989, a los 25 años, después de una pelea en un bar en la que se ve involucrado, muere, atropellado por el coche de uno de los que se habían discutido con él. Sus cenizas, mezcladas con agua sacada del callejón nº 5 de la piscina donde se había consagrado como campeón olímpico en Los Ángeles, fueron lanzadas al río San Lorenzo, no sin antes haber cedido el corazón y el hígado a dos enfermos, cesión que les permitirá vivir todavía unos cuantos años más.
200m.braza: récord mundial y olímpico del canadiense Victor Davis con los 2,13”34 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias y final el 23 de Septiembre. 54 participantes repartidos entre 7 eliminatorias. Eliminado de esta prueba, la baja de Victor Davis da un ligero respiro a quienes aspiran a las medallas en este doble hectómetro de braza. Nada extraordinario en las eliminatorias, si no es el decimoquinto lugar de Moorhouse, 2,18”51, en una distancia en la que nunca se ha encontrado a gusto, así como el decimonoveno del norteamericano Kirk Stakle, 2,19”47, uno de los posibles aspirantes a medalla.
La final se inicia con una fulgurante escapada del soviético Valeri Lodzik, que nada sobre los parciales del récord mundial de Davis hasta los 150m. (29”98; 1,03”86; 1,38”75) seguido de su compatriota Vadim Alexeiev, 1,04”73, mientras el resto de finalistas los sigue a distancia, con el húngaro Jozsef Szabo en segundo lugar en el último viraje (30”57; 1,04”81; 1,38”9)); el británico Nick Gillingham tercero (30”45; 1,04”92; 1,39”25); Alexeiev ya cuarto, mientras el español Sergio López, 1,40”15, y el norteamericano Mike Barrowman, 1,40”71, parecen claramente superados.
La remontada de Szabo, iniciada hacia los 125m., acaba, felizmente para él, 75 metros más adelante, cuando, a partir del último viraje, alcanza a Lodzik, y se va hacia el título olímpico, nadando un magnífico último largo en 34”53, sin ninguna dificultad para resistir el último esfuerzo de Gillingham, 2,13”53, récord europeo, por 2,14”12, mientras Sergio López inicia otra espectacular remontada en los últimos veinticinco metros, aprovechando el total hundimiento de Lodzik (que finalmente será quinto en 2,16”16) logrando una inesperada medalla de bronce, 2,15”21, por 2,15”45 de Barrowman, cuarto clasificado.
100m.mariposa: récord mundial en poder del norteamericano Pablo Morales, 52”84, el 23 de junio de 1986, en Orlando; récord olímpico al poder de Michael Gross con los 53”08 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias el 20 de septiembre, final el 21. 51 participantes repartidos en 7 eliminatorias. Presente en Seul el alemán Michael Gross, dispuesto a defender su título de Los Angeles.
Quizás la mayor sorpresa de estos Juegos es la victoria del surinamés Anthony Nesty, el primero nadador de raza negra que se alza con una medalla de oro olímpica, continuando por el camino que doce años atrás había abierto la holandesa Enith Brigitha. Pese a que su nombre sonaba desde hacia unos pocos años como vencedor en diferentes competiciones de grupos de edad en Sudamérica, y había sido quinto en los Mundiales de Madrid, dos años antes (estudiando y entrenando en la Universidad de Jacksonville, en Florida) no contaba, sin embargo, en las quinielas por el título olímpico, exceptuando, quizá, naturalmente, en la suya propia, otorgándole, como máximo, un lugar en la final. Nesty, sin embargo, supo aprovechar el momento oportuno para alzarse hasta el máximo nivel olímpico.
La eliminación en los “trials” USA del recordista mundial, había dejado a su compatriota Biondi, y Gross, como máximos favoritos de la prueba, aunque la contundente derrota de este último en los 200m.crol, ya dejaba entrever que su forma quizá no era la más adecuada para defender su título de Los Ángeles. Las eliminatorias, sin récord olímpico, ven a cinco hombres por debajo de los 54”, con el británico Andrew Jameson (sorprendente campeón europeo el año anterior, derrotando a Gross) con el mejor tiempo, 53”34, aunque muy igualado con Biondi, Nesty, Gross, y el australiano Sieben, el sorprendente vencedor de los 200m., cuatro años antes.
En la final, Biondi parece no querer complicarse la vida y sale casi como un bólido, girando primero, 24”53, muy por debajo del parcial de récord mundial, mientras el resto de finalistas se escalonan tras él, con Sieben segundo, 24”75; Jameson tercero, 25”00; Gross, cuarto a una centésima, y Nesty quinto, 25”02. Biondi aumenta progresivamente su ventaja, pese a que el fuerte ritmo inicial el obligué a frenarse hacia los 75m. Pese a hundirse ligeramente, una brazada antes de la llegada todavía parece un seguro campeón olímpico de los 100m.mariposa.
Dos hechos simultáneos le impedirán, sin embargo, concretitzar su magnífico esfuerzo. Por un lado, no ha calculado perfectamente su llegada al muro, y se queda “corto” de brazada, lo cual le obliga a tener que hacer una patada suplementaria, con la pérdida de tiempo que ello representa, Nesty, por el contrario, hace unas tres últimas brazadas muy rápidas y ajustadas, con potentes golpes de piernas, que parecen catapultarlo hacia la llegada. Biondi ha calculado mal, y uno de sus adversarios ha sabido aprovecharse de su error. Cuando se giran para ver el marcador electrónico que anuncia tiempo y clasificación, Nesty levanta ya los dos brazos en señal de victoria.
Pese a que no supera el récord mundial, aunque sí el olímpico, Nesty ha logrado unos magníficos 53”00, una centésima por delante de Biondi, que pierde, de esta manera, su segunda y última oportunidad de igualar la gesta de su compatriota Spitz. Tras ellos, y en un nivel de extrema igualdad, Jameson demuestra que su título europeo no es ninguna casualidad, ganando la medalla de bronce, 53”30, tres centésimas por delante de Sieben, 53”33, al que le sabrá mal no poder nadar los 200m. (como otros, ha sido eliminado en los “triales” australianos) ambos por delante de Gross, que con un tiempo de 53”44 confirma no estar en su mejor forma, y que le será difícil irse de Seúl incluso con una medalla, sea del color que sea.
200m.mariposa: récord mundial en poder de Michael Gross, 1,56”24, el 28 de junio del 1986, en Hannóver; récord olímpico en poder del australiano Jon Sieben con los 1,57”04 de la final de Los Ángeles. Eliminatorias y final el 24 de septiembre. 40 participantes repartidos en 6 eliminatorias. Aunque se encuentra en Seúl, ya hemos dicho que no defiende su título el australiano Jon Sieben.
La afirmación anterior no se cumplirá, félizmente para el alemán, decidido a no irse de la capital coreana sin una medalla, ya en la última jornada de las pruebas de natación, y sale decidido a imponerse en una prueba que ha dominado en los últimos años y de la que ostenta el récord mundial. Seis de los ocho finalistas bajan de los dos minutos.
Desde los primeros metros de la final, Gross coge el mando de la prueba, poniendo distancia entre él y sus rivales. 25”94 y 55”39, por delante del neo-zelandés Anthony Mosse, 26”60 y 56”34. Aumenta su ventaja en el tercero largo, 1,25”53, pareciendo en condiciones de superar su récord mundial en caso de mantener su ritmo, por 1,27”07 de Mosse, mientras el norteamericano Melvin Stewart es tercero, 1,27”50, y el danés Benny Nielsen cuarto en 1,27”65.
El récord, sin embargo, no está, finalmente, al alcance del alemán, aunque sí el triunfo. Nielsen, por su lado, inicia una espectacular remontada, que lo lleva del cuarto al segundo lugar, señalando el mejor tiempo de los últimos 50m., 30”59, avanzando Mosse y Stewart, aunque se estrella ante los 31”41 del alemán en los últimos 50m. pero, sobretodo, contra los más de dos segundos de ventaja que este le llevaba en el último viraje. Con un tiempo de 1,56