miércoles, 17 de febrero de 2016

JUEGOS OLÍMPICOS, BOICOTS Y SUSPENSIONES BÉLICAS

ÁNGEL CRUZ
AS.com

El virus Zika amenaza los Juegos Olímpicos de Río. Es un hecho. Se recomienda que no asistan mujeres embarazadas, hay miles de personas infectadas, Estados Unidos da libertad a sus deportistas para acudir o no (por el momento, aunque podría subir un escalón y prohibir la expedición, directamente, por temos a la importanción de ese virus), Kenia dice que podría no acudir a la cita brasileña, otros países se lo están pensando, un científico recomienda directamente, la suspensión… El problema crece y crece.
Si los Juegos se suspendieran, cosa nada probable, sería la cuarta vez, tras los de 1916, 1940 y 1944. Y si hubiera un boicot amplio de países, también sería la cuarta vez, después de 1976, 1980 y 1984.
Vamos con las suspensiones. En 1916 los Juegos Olímpicos se habían concedido a Berlín, pero la Primera Guerra Mundial estaba en todo su apogeo y lógicamente nunca vieron la luz. El ciclo olímpico se reanudó en 1920, en Amberes.
En 1940 el Comité Olímpico Internacional (COI) había elegido a Tokio como sede, pero antes el Imperio del Sol Naciente invadió China y le fueron retirados. Se le adjudicaron a Helsinki, pero se suspendieron cuando el país báltico fue invadido por tropas soviéticas. En una ocasión se le retiraron al agresor; en otra al agredido.
El Movimiento Olímpico tuvo un parón de nada menos que doce años: desde Berlín 1936 a Londres 1948, en que se reanudaron. Estos Juegos se llamaron “De la Austeridad”, porque Inglaterra seguía devastada por los bombardeos nazis. Alemania y Japón, las potencias derrotadas en la Segunda Guerra Mundial, no fueron invitadas a competir.
Y ahora, los boicoteos. Estados Unidos estuvo a punto de no acudir a los Juegos de Berlín 1936, para no colaborar con lo que se pensaba que iba a ser una apología del nazismo, pero finalmente compitió y fue el gran triunfador. España también ha boicoteado unos Juegos, los de Melbourne 1956, en protesta por la invasión soviética de Hungría. Hungría sí acudió, ya controlada por la URSS.
Pero el primer gran boicoteo se produjo en Montreal 1976, con motivos un poco enrevesados. Los países africanos, liderados por Tanzania, pidieron la exclusión de Nueva Zelanda de los Juegos canadienses porque un equipo de rugby de este país había hecho una gira por Sudáfrica, entonces excluída del Movimiento Olímpico por su política de agresiva segregación racial. El COI alegó que el rugby no era deporte olímpico y en consecuencia se podía sancionar a los neozelandeses. Y se desató el boicot. Tanzania ni siquiera viajó, pero sí el resto de países del África Negra, que abandonaron Montreal en el último momento. También secundaron este boicoteo Irak y Guyana.
Cuatro años después, en Moscú, el boicot fue promovido por Estados Unidos, la gran potencia mundial del deporte. El motivo, la invasión soviética de Afganistán. El presidente Jimmy Carter prohibió a los deportistas acudir a la capital rusa, pero la mayoría de éstos querían hacerlo, así que anunció que se les retiraría el pasaporte.
Pidió a los países de la órbita occidental y capitalista que secundasen el boicot, pero tuvo menos éxito del que él esperaba, porque sí participaron en Moscú Gran Bretaña, Australia, Italia, Francia, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Austria, Grecia… y España, aunque bajo bandera olímpica. El que esto escribe desfiló en el Estadio Lenin tras ella.
En Los Ángeles 1984 la Unión Soviética respondió al golpe, como era de esperar. Y tuvo más éxito porque su control del bloque comunista era férreo. Hubo algunas excepciones, como Yugoslavia, Rumanía o China, que sí estuvieron en la ciudad californiana. Cuba sí secundó el llamamiento soviético. Los boicoteos masivos se terminaron, por ahora, en Seúl 1988.