martes, 12 de agosto de 2008

Phelps libre, por Sergi López


Mariposista natural, Michael Phelps ha incurrido estos días en el estilo libre. Desde mi posición en la grada del Cubo de Agua no consigo ver demasiado bien lo que hace con su brazo cuando lo arrastra por debajo del agua, pero lo que detecto es una forma de apoyarse que me recuerda a Janet Evans en 1988, cuando nadó los 400 metros en 4m03s, haciendo 2m2s en el primer parcial y 2m1s en el segundo. Yo estaba en Seúl y la miraba nadar y me decía: "¿Qué hace esa tía con los brazos?". Se apoyaba como si fuera a sumergirse para buscar pulpos y a la que metía la patada subía como un submarino. Phelps hace lo mismo. Parece que se apoya más que otros en el agua. Mete los brazos hasta el fondo y arrastra mucha agua. Esto, que a simple vista parece una descompensación, lo equilibra con la patada. La clave es mantener la cadera muy arriba. Sostener la cadera en la superficie es importante porque el centro de gravedad está por debajo del ombligo, y si eres capaz de coordinar tus movimientos en el agua a partir de la cadera, eres capaz de nadar bien cualquier estilo.

No sé si es plástica, pero la brazada de Phelps me gusta porque coge mucha agua. Su gesto es como el de un pitcher. Cuando tira la bola, se ayuda con la cadera. A la que coge agua con una mano, rota para el lado opuesto con la cadera, ayudando a empujar el brazo que arrastra y recuperando con el otro. Mantener la cadera arriba, sólo con agua de la que llamamos blanda por encima, es muy importante para dar ritmo y fuerza a las brazadas. Ryan Lochte nada muy parecido.

Phelps carece de velocidad punta, por eso no hará nunca los 50 libre. También es por eso por lo que, en los 100, vuelve mejor que va. En la prueba de 4x100, Sullivan pasó por el primer 50 en 22,48s, mientras que él lo hizo un segundo más tarde, en 23,31. Sin embargo, en el segundo 50 recuperó y terminó a 20 centésimas. Se le queda corta la piscina. Si las carreras se nadasen sobre 120 metros, iría sobrado. De momento, con lo que tiene le alcanza para lograr la segunda mejor marca de todos los tiempos. Y sin preparación específica.

Phelps está tan bien entrenado para nadar sin respirar que es capaz de meter 10 ó 12 patadas para impulsarse por debajo del agua a la salida de un viraje. La mayoría no pasan de seis. La diferencia es la que consiguió en la final de 200 metros del Mundial de Montreal, por ejemplo, cuando sacó metro y medio a todos sus rivales en el último viraje. Yo aprendí a trabajar esa técnica gracias al entrenador húngaro Joseph Nagy, que fue uno de sus pioneros a principios de los ochenta. Desde entonces, la natación se ha nutrido de una posibilidad nueva. Phelps la explota como nadie. Sobre todo en el libre.

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