miércoles, 2 de octubre de 2019

NOAH LYLES Y LA CURVA DE LA FELICIDAD

CARLOS TORO
El Mundo.es

Todas las carreras, como todos los saltos y lanzamientos, son especiales por distintas. Lo especial de los 200 metros es que, en su primera mitad, se corren en curva. Ello, inevitablemente, nos lleva a los cronistas a escribir: "Fulano salió de la curva..." Y es que el final de la curva es la primera gran referencia.
Quien la dibujó con la forma y el filo de un alfanje fue el británico Adam Gemili. Era para él la curva de la felicidad. Pero tras el británico entró Noah Lyles en la recta como un sable en la carne de membrillo. En ella cimentó su victoria en una carrera algo decepcionante y con su peor marca del año (19.83). Lo mismo en los casos del canadiense Andre de Grasse (19.95) y el ecuatoriano Álex Quiñónez (19.98). Sólo ellos tres bajaron de los 20 segundos.
Quizá por esa razón, por esa desilusión dentro del triunfo, no se abandonó Lyles a sus tontunas. Por ellas se le ha relacionado con Usain Bolt, también muy aficionado a los gestitos. A algunos de nosotros, quizá demasiado clásicos, no nos hacen gracia en casa las gracietas en la pista. Preferimos a los atletas serios, que miran esa pista como amándola y odiándola al tiempo. Queriendo conquistarla y, la vez, temiendo ser rechazados. El amor y el odio son dos sentimientos muy serios.
Lyles es a los 200 lo que Christian Coleman a los 100. El otro dueño estadounidense de la velocidad mundial. Y, aunque esta temporada ha ganado el Diamante en ambas distancias, en parte porque Coleman estuvo un tanto desinteresado, es ante todo un corredor de 200. Menos en la curva de la felicidad que en la recta de la gloria.
Este año sólo sufrió una derrota: ante Michael Norman en Roma (19.70 por 19.72). Y siempre bajó de los 20 segundos. Sus 19.50 de Lausana lo colocan como cuarto hombre "all time", tras Usain Bolt (19.19), Yohan Blake (19.26) y Michael Johnson (19.32). Además, Bolt y él son los únicos que han bajado seis veces de los 19.70.
Así que, con esas credenciales adquiridas y, creemos, un carácter fanfarrón de nacimiento, Lyles ha anunciado que tarde o temprano batirá el récord de Bolt. Ármate de paciencia, chaval. Entre la mejor marca de él y la tuya hay, al menos aún, unos tres metros.
Un detalle. En la final no había ni un jamaicano. Ni siquiera el declinante Blake, quinto en los 100. Se fue Bolt, que era casi todo, y tras él no queda casi nada.

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